sábado, 6 de enero de 2007

Política y políticos...

Política y políticos...



Winston Churchill: Los verdaderos fantasmas son los que no se ven...

En el marco del estricto protocolo ingles durante una cena, una dama le consulta a Winston Churchill

-¿Cree usted en los fantasmas?
- Si, señora- respondió nuestro personaje.
- Pero,
-insistiendo- ¿ha visto usted alguno?
- No, mi querida señora. Los verdaderos fantasmas son los que no se ven...



Harry Truman: Lo que me preocupa en el caso Kennedy no es el Papa, sino el papá...

Era notoria la opinión del padre de los Kennedy a favor de los franquistas e incluso por los nazis. Era conocida su simpatía por la política antisemita del régimen alemán.

Sobre la base del hecho histórico comentado, Harry Truman, en 1960, fundamentaba su desconfianza en la elección de Kennedy como Presidente de los EE UU.

Alguien le pregunta si era por la condición de católico de JFK, a lo que sentenció con estas palabras:

-Lo que me preocupa en el caso Kennedy no es el Papa, sino el papá...



Don Juan Carlos: Franco no ha resucitado...

Todas las transiciones en política son complejas. La española, del régimen franquista a la democracia, no fue la excepción.

Estando don Juan Carlos en el palacio de La Zarzuela, dos altos jefes de la Marina Española le manifestaron su preocupación por los acontecimientos políticos. Uno de ellos afirmó: “Franco no hubiese permitido” lo que sucedía. El rey lo atajó:

- “Podéis decirme lo que queráis. Salvo una cosa: que franco ha resucitado. Está muerto. Y España será lo que nosotros hagamos; vosotros, todos los españoles y yo.”



No soy Miguel Bosé

Es notoria la afición de muchos españoles de conocer y guardar souvenir relacionados con la realeza española. En una oportunidad, don Felipe de Borbón y Grecia estando de visita por Oviedo, una señora le pidió un autógrafo, a lo que sin pensárselo mucho le contestó:
- Lo siento, señora. No puedo firmar autógrafos. No soy Miguel Bosé.

Es cuestión legal

Pedro el Grande, zar de Rusia, se encontraba de visita en Inglaterra. Haciendo las visitas de rigor a la Armada, conoció de un determinado castigo con que se escarmentaba a los marineros. El zar quiso una prueba y obteniendo por respuesta que ningún alistado merecía el castigo, era imposible complacer su petición.

Eso no es problema, señaló: “que se utilice a uno de mis hombres”.
“Majestad –le replicaron los anfitriones-, vuestros hombres se encuentran en Inglaterra y están bajo la protección de sus leyes”


Cuatro meses con la misma blusa

Era costumbres de las reinas apoyar a los soberanos en su accionar político y militar con actos simbólicos. Igualmente, aquellas quienes ejercían el poder confiaban obtener mejor suerte con supersticiones. Hoy observamos en los juegos deportivos como los compañeros de equipo y los fanáticos desde las tribunas, se voltean las gorras o hacen gestos con prendas de vestir.
En la época en que el mundo salía de la Edad Media y se adentraba a la Moderna, algunas reinas compartían algunos actos con el fin de llamar a la suerte, claro, favorable.

Se dice que la reina Isabel la Católica prometió no cambiarse la camisa hasta que el cristianismo no ocupase Granada y desalojase de tierra española los últimos restos de gobierno musulmán.

El caso que nos ocupa tiene que ver cuando la ciudad de Ostende se subleva contra la autoridad del archiduque Alberto. Su esposa, Isabel de Valois, lo apoyó jurando no cambiarse de blusa mientras la ciudad no volviese al redil. El archiduque sitió la ciudad hasta que esta cayó. Lo único es que la acción militar duró cuatro meses.


El rey Clodoveo y Cristo...

En plena Alta Edad Media era rey de Francia, Clodoveo. Casado con Clotilde, ésta era cristiana, mientras que Clodoveo abrazaba sus ritos paganos. Esta situación mantenía una intensa batalla espiritual a favor de la conversión del rey.

El punto es que Clodoveo se encontraba en medio de una batalla que sospechaba perdida. En ese aciago momento, promete abrazar el cristianismo si Dios lo ayuda a salir con éxito del combate.
Conociendo Clotilde el hecho, convoca urgentemente a san Remigio, obispo de Reims, para que lo instruyese en la fe. Clodoveo había ganado...

El punto es que al iniciarlo en el pasaje de la condena y crucifixión de Cristo, Clodoveo se puso de pié, sacó su espada y exclamó:

- ¡Oh, si yo hubiera estado allí con mis soldados!

El charlatán Vetronio

En tiempos del emperador Alejandro Severo, existía en Roma un charlatán llamado Vetronio Turino. Este se dedicaba, entre otras cosas, a conseguir dinero a cambio de recomendar asuntos en el gobierno. Lo cierto es que llovieron las denuncias y el emperador ordenó la condena a morir en la hoguera.
El problema es que la leña se encontraba verde, por lo que más que arder, lo que hacia era humear. Ello no fue obice para seguir adelante conla ejecución. Vetronio permaneció allí hasta que murió asfixiado... lo que originó la siguiente frase del pregón:

-Muere en el humo quien humo vendía...


La palabra “victoria pírrica

Pirro, rey de Espiro en el siglo IV a. C. ganaba casi todas las batallas, pero... a costa de bajas irreparables. En la batalla de Heraclea, al igual que en la de Ausculum, empleó los elefantes contra los romanos. En ambas obtuvo los triunfos a costa de grandes perdidas, a lo que pronunció la famosa frase muy utilizada en la jerga política contemporánea:

- Otra victoria como ésta y estoy perdido.