lunes, 15 de junio de 2009

"Bendigo a la Divina Providencia que me permite conocer al moderno Carlo Magno"

Con el fin de zanjar las dificultades por la renuncia del Arzobispo Silvestre Guevara y Lira, la Santa Sede nombró a Monseñor Roque Cecchia Delegado Apostólico para entenderse con el Gobierno de Venezuela sobre la organización eclesiástica.
Llegó el Nuncio a La Guaira y el Presidente Guzmán Blanco se opuso a que desembarcase. Entonces el Nuncio le dirigió un mensaje telegráfico, donde le manifestaba el deseo suyo de que sólo quería hacer una corta visita a Caracas para admirar el recién construido templo de Santa Ana, uno de los más hermosas de América, obra de Guzmán Blanco.
Enorgullecido el Presidente, al convenir en el desembarco se avino también a celebrar una entrevista con el Delegado Apostólico, no en Caracas sino en Macuto, a donde el General debía trasladarse por aquellos días. El Delegado, junto con el doctor Vicente Parejo, quiso adelantarse en el camino para saludar al Presidente; llegó hasta Pariata, en las afueras de Maiquetía. Fue allí donde Monseñor Cecchia, al avistarse con Guzmán Blanco, hubo de colmar su vanidad desmedida, con esta hiperbólica frase:
"Bendigo a la Divina Providencia que me permite conocer al moderno Carlo Magno".
Imagen: Arzobispo Silvestre Guevara y Lira
Bibliografía. Carreño, Eduardo. Vida anecdótica de venezolanos. Editorial Crisol. Caracas 1948.