lunes, 4 de mayo de 2009

El tesoro de Monteverde

En tiempo de la inauguración de la autopista Caracas La Guaira se desató un frenesí por encontrar el tesoro de Domingo Monteverde. No fueron pocos los que se extraviaron por la parte de Boquerón en el cerro El Ávila buscando la fortuna que había dejado escondida el caudillo realista tras la conquista de Caracas al momento de fenecer la Primera República venezolana.
La leyenda del tesoro de Monteverde se sustenta en las acciones ocurridas durante el año de 1812, cuando el gobernador de Coro, brigadier José Ceballos, destacó una columna bajo el mando del capitán de fragata Domingo de Monteverde, quien había llegado a Coro con unas fuerzas conducidas por el mariscal de campo Juan Manuel Cajigal, con el fin de dar apoyo a las diversas partidas de insurrectos quienes desconocían la Independencia de Venezuela y proclamaban lealtad a la causa realista peninsular.
La invasión de Monteverde parte de Coro y culmina en Caracas. Según cuenta la leyenda que tanto él como sus oficiales confiscaron muchos bienes de los patriotas, especialmente de aquellos quienes intentaron salir del país por el puerto de La Guaira y fueron aprehendidos por las fuerzas leales al rey Fernando VII.
Oficialmente poco se dice del despojo y se comenta que Monteverde no pudo llevarse el tesoro a las campañas de Maturín ni tampoco cuando fue a Valencia. Igualmente Bolívar encontró poca cosa valiosa cuando entró en Caracas, a pesar que Juan Pablo Sojo recoge una leyenda barloventeña que desmentiría en parte lo señalado, ya que afirma que durante el paso por Barlovento de “la romería dolorosa del año 13, tras de ese pueblo que huía, guiado por Bolívar rumbo a Cumaná, quedaron rezagados un sargento y dos soldados, quienes arriaban unas espiadas mulas cargadas con algunos cofres de dinero. Allí en el Alto de Muruguata, o Mesa Grande, se detuvieron y… decidieron despachar al soldado fiel y allí mismo le dieron muerte, enterrándolo junto a los cofres.” (1)
Pero volvamos a lo nuestro. Cuenta la leyenda que Monteverde opto por esconder el tesoro en lugar seguro hasta tanto pudiera enviarlo a España sin revisarlo las autoridades reales. Para ello solicitó el concurso de un paisano rico dedicado al negocio de la usura, quien conocía una cueva por los lados del Ávila que hoy se conoce como de Boquerón. El comerciante cargó con ocho mulas y se hizo acompañar de un caporal y dos esclavos. Llegaron al precitado sitio de la cueva de Boquerón y escondieron los cofres. Luego el caporal mató a los esclavos y el comerciante asesinó al caporal. Cuando retornaba a Caracas fue muerto por esbirros de Monteverde, quedando en poder del Capitán de Fragata un mapa que le había suministrado el paisano.
Las circunstancias de la guerra hicieron huir a Monteverde hacia Puerto Cabello, posición que es sitiada por el ejército de Bolívar. En uno de los combates sufre grave herida perdiendo casi toda la mandíbula inferior lo que le obliga a abandonar la plaza sin tener oportunidad de buscar su tesoro.
La leyenda quedó y tras la inauguración de la autopista se le facilitó a más de uno acceder en búsqueda de la cueva y el tesoro. Las autoridades pasaron a vigilar la zona y prohibir el transito hacia la zona boscosa. Igualmente se comentaba por esos años que el general Juan Vicente Gómez, tras conocer la leyenda, ordenó la búsqueda de la fortuna, sin suerte alguna. Por lo que se decía que “si Gómez no lo encontró, eso no lo encuentra nadie”.
(1) Fuente: El Estado Miranda su tierra y sus hombres. Ediciones del Banco Miranda. Caracas, 1959

viernes, 24 de abril de 2009

100 km2 para la capital de Venezuela

La Constitución de 1811 prevé la organización de una “Ciudad Federal”, residencia del Poder Ejecutivo Federal. La Constitución de 1864 consagra la creación del Distrito Federal (DF) y dispone que los estados cedan a la Nación para tal fin un terreno despoblado no mayor de 100 km2 donde se construirá y organizará la capital de la República.
La primera ley orgánica para regir el Distrito Federal es sancionada el 29 de mayo de 1894; disponiendo que el DF ocupara un espacio de 100 km2 donde se edificará la capital de la Unión.
No son pocos los cambios que ha sufrido Caracas como capital de la República. Hemos visto la intención del legislador constituyente originario de erigir una Ciudad Federal asiento del Poder Ejecutivo. Luego, los legisladores de 1864 y 1894 aspiran que se construya una urbe para ejercer la capitalidad. Esto no ha sido posible y lo que ha sucedido es que Caracas, la capital histórica, se ha debatido entre las decisiones de los gobiernos de turno.
Previo a la creación del DF, el 15 de junio de 1863 entran las tropas federales al mando del general Mateo Plaza y proclama el estado Caracas, designándose presidente provisional del mismo. El ámbito territorial esta conformado por los cantones Caracas, Caucagua, Curiepe, Guaicaipuro, Guarenas, La Guaira, Maiquetía, Ocumare del Tuy, Petare, Río Chico y Santa Lucía.
El 29 de febrero de 1864 es una fecha importante. Primero, se decreta el Distrito Federal y por consiguiente el Estado Soberano Bolívar, con parte del estado Caracas. La Asamblea Constituyente de la Federación “…persuadida de la ingente necesidad de fijar radio de acción exclusivo del Gobierno general…” erige el DF comprendiendo los cantones Caracas, Maiquetía y La Guaira. El resto paso a formar parte del estado Bolívar con capital en Petare. El general Antonio Bello es designado gobernador. El 8 de marzo el general Juan Crisóstomo Falcón expide en Maracay el decreto orgánico del DF, el cual estable su división en tres departamentos: Libertador, para el casco central de Caracas, asiento de la capital del Gobierno distrital; al puerto de La Guaira se le llama Vargas en homenaje a José María Vargas; Maiquetía se le denomina Aguado, en honor al general de la Federación, Pedro Vicente Aguado. El precitado decreto establece una Legislatura unicameral compuesta por 5 diputados departamentales y un Concejo Municipal en cada uno de los departamentos. El departamento Libertador se integra con las parroquias Catedral, San Pablo, Santa Rosalía, Altagracia, Candelaria y San Juan; parroquias foráneas: El Valle, La Vega, El Recreo, Antímano y Chacao. El departamento Vargas: parroquias Bolívar y Sucre, y las foráneas: Macuto, Caraballeda, Naiquatá y Caruao. El departamento Aguado: Maiquetía, Carayaca, Tarma y Olivares.
En ese año se sanciona una nueva Constitución que dispone que los estados cedan un terreno no mayor de 100 km2 para la construcción y organización del DF.
A partir de allí se ha modificado la composición territorial y la forma de gobierno del territorio donde se asienta el DF. Ya señalamos que en 1894 se sanciona la primera ley orgánica del DF, retomando la tesis de los 100 km2, pero mientras tanto, Caracas sigue siendo la capital del país.
Vista así, la provisionalidad de Caracas como asiento del DF finaliza con la Constitución de 1901: pasa a ser la capital de la República. El 18 de noviembre de 1903 se divide el departamento Libertador en oriental y occidental, división que acoge la Constitución de 1904. La parte oriental comprende la isla de Margarita y la occidental por Caracas, Vargas, Guaicaipuro (Los Teques) y Sucre (Petare). El 31 de agosto de 1907 se anexa al DF la isla de Coche y el territorio federal Colón, conformado por numerosas islas e islotes en el mar Caribe venezolano.
La Constitución de 1909 establece que el Gobierno nacional dicte un decreto orgánico del DF estableciendo el mismo la división en departamento Libertador y Vargas. El 3 de julio de 1988 se crea el estado Vargas y queda Libertador como sede del DF. La Constitución de 1999 crea el Distrito Capital correspondiendo al territorio del Municipio Libertador. En el año 2000 se crea la Alcaldía Metropolitana integrada por el Distrito Capital y los municipios Baruta, Chacao, El Hatillo y Sucre del estado Miranda. Mantiene las competencias propias del gobernador del antiguo DF solamente en el ámbito territorial del Distrito Capital. La Asamblea Nacional está legislando para cambiar, una vez más, las relaciones geopolíticas de Caracas.
La Caracas que se resiste a dejar la capitalidad, se expone a innumerables cambios según las necesidades políticas del momento.

viernes, 17 de abril de 2009

Del ingenio venezolano

El logro de Carlos del Pozo es de gran interés para los anales de la historia de la sabiduría en Venezuela. Se asombra Humboldt cuando, en su deambular por las tierras de los llanos venezolanos, llega a Calabozo y se encuentra “una máquina eléctrica de grandes discos, electróforos, baterías, electrómetros, un material casi tan completo como el que poseen nuestros físicos en Europa. No habían sido comprados en los Estados Unidos todos estos objetos; eran la obra de un hombre que nunca había visto instrumento alguno, que a nadie podía consultar, que no conocía los fenómenos de la electricidad más que por la lectura del Tratado de Sigaud de la Fond y de las Memorias de Franklin… aquel estimable e ingenioso sujeto, había comenzado a hacer máquinas eléctricas de cilindro empleando grandes frascos de vidrio, a los cuales había cortado el cuello. Desde algunos años tan sólo pudo procurarse, por vía de Filadelfia, platillos para construir una máquina de discos y obtener efectos más considerables de la electricidad.” Este portento de ingenio era Carlos del Pozo quien se alegra al ver a los ilustres viajeros admirar sus capacidades y al constatar que estos traían de Europa instrumentos parecidos a los construidos por él.
Aquello colmó la curiosidad de Humboldt y sus acompañantes: “Después de los aparatos eléctricos, obra de la industriosa sagacidad de un habitante de los Llanos, nada podía ya precisar nuestro interés en Calabozo”, sentencia el científico alemán (1).

Carlos Rivero Solar, don Carlos, había ideado la manera de traer agua al caserío “El Naranjito”, situado por los lados de Cabure, en la Serranía de Coro en el Occidente de Venezuela. El objeto de la aplicación era mover el trapiche, inventado por él. También creó un sistema para descerezar el café economizando tiempo y personal. Pero su imaginación volaba más allá de estas creaciones utilitarias: esos es, pensaba en volar y para ello ideaba la confección de dos inmensas alas.
Corre el año de 1888, año en que el Dr. Juan Pablo Rojas Paúl asume la Presidencia de la República, ordena la construcción del Hospital José María Vargas y crea la Academia Nacional de la Historia y el Observatorio Cajigal. Un domingo don Carlos intentaría sostenerse en el aire sin más ayuda que la de sus alas adheridas como prótesis a su cuerpo. El evento no fue en privado. Don Rufino Montenegro asistió en carácter de padrino y un grupo de parroquianos acompañaron al “pájaro Serrano” hasta la montaña situada al norte del caserío y conocida con el nombre de “La Soledad”
A unos sesenta metros de altura, tras la preparación de rigor, tanto física como espiritual, don Carlos se lanzó al vacío, controlando por segundos el equilibrio que le permitía un descenso lento y acompasado. De pronto lo inesperado, pierde el dominio y se desploma a tierra. Afortunadamente una copa de bucare impide que el golpe sea mayor.
Este relato que no trasciende al gran público, es considerado por algunos con la importancia de las pruebas que realizaron en otras latitudes idealistas que se reconocen como pioneros de la aviación (2).

Referencias:
(1) Siso, Carlos. La formación del pueblo de Venezuela. 7a edición. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas 1986.
(2) Paredes, Luis H. Historia de la Aviación Militar Venezolana.2da. edición. Ministerio de la Defensa de Venezuela. Caracas 1978.

domingo, 22 de marzo de 2009

Juan Pablo Sojo.- Frases de la región de Barlovento, estado Miranda, Venezuela



"En todos los pueblos, caseríos o “sitios”, hallaremos en boca del nativo intonso, frases como las siguientes:
“Ahilado", trozo de hacienda cacahuera, arboleda.
“A jecho", a peso. “Ajumar”, ahumar.
“Antiquina”, asimismo, exactamente.
“Ambilar”, "ambilado”, embromar, embromado.
“Arrancapepa", bachaco grande negro.
"Boca fría”, toda serpiente venenosa.
”Birriondo”, macho en celo.
"Cabecino", inteligente.
“Caligüeba”, tarantera, epilepsia.
“Coyomo”, camaroncito de río.
“Cacheo", contracción por plátano salcochado.
“Conversa”, conversación.
“Cónchale”, interjección.
“Culepuya”, tambor llamado “redondo”, formado por tres instrumentos denominados "tiple", "bordón" y "pujao".
"Fuñido, fuñir", tercio roñoso, embromar.
"Guatanero", en la cacería o pesca sujeto que carga las piezas cobradas.
"Jalar", talar el monte.
"Jecho", fruto hecho.
"Lambido”, individuo entrometido, vivo.
"Lembe", golpe dado con la mano abierta.
"Malembe", baile de tambor.
"Macuto", mara, carriel de fibras.
"Majarete", por manjarete, dulce popular.
"Marañero", tramposo.
"Mestiza”, bollo dulce de plátano y coco.
"Mina", tambor formado por tres elementos "boca”, "curveta” y "Iáures”. "Macagua", clase de serpiente venenosa, llamada también "terciopelo", "amarilla", etcétera.
"Macan", "macaneo", brega, trajín.
"Masamorra", atole de plátanos o maíz tierno.
"Mamorra", comida.
"Mochoroco", pez de río.
"Mástigo", mástil donde penden los racimos de banano.
“Endenantes", por ahora rato.
"Pan pelao", pan de maíz seco fermentado con cenizas.
"Pichagua", cuchara de tapara.
"Paguara”, machete de hoja ancha, en otras partes "taguara".
"Pimpina", o múcura.
"Piñazo", puñetazo. "Pintón", plátano maduro.
"Quichimba", tambor sui generis echado en el suelo.
"Requeneto", pequeñín.
"Rozas", arboleda talada y quemada.
"Rumbambaya", baile de cuatro y maracas.
"Folias", cantos a la Cruz de Mayo.
"Sitios", campos denominados o villorrios montañeros.
"Sorocho" lo que está medio asado, todavía crudo.
"Sangrepesá", cambur morado.
”Taritari” bachaco rojo.
"Tololé” baile sanjuanero, original de tambor. Y siguen una lista interminable que publicaremos otro día."


Referencia: Sojo, Juan Pablo. Barlovento, una invitación a la novela. En El Estado Miranda. Su tierra y sus hombres. Ediciones del Banco Miranda. Caracas 1959.

sábado, 21 de marzo de 2009

Fermín Toro y el manto de la Reina de España

Para finalizar las negociaciones diplomáticas entre la República de Venezuela y el Reino de España tendente a lograr el reconocimiento pleno de la Independencia del país suramericano, el gobierno de Soublette envió a don Fermín Toro a reforzar al diplomático Alejo Fortique, quien llevaba la representación nacional.
Tras el reconocimiento por parte del Reino de España de la Independencia de Venezuela mediante el Tratado de Madrid, el 30 de marzo de 1845, firmado por Alejo Fortique; para celebrar el acto, la reina de España, Isabel II, dio un baile en Palacio e invitó a Fermín Toro para iniciar con ella la danza. Desarrollándose el baile, el venezolano pisó el manto de la reina, a lo que ella dijo:
- Hasta mi manto real quiere hoy estar a vuestros pies.
Toro inmediatamente se disculpó, pero Su Majestad continuó:
- ¿No os agrada este homenaje de la reina? Pensad que la madre acude a la fiesta de la hija. España honra a Venezuela en vuestra persona.

La etiqueta, el burro y la reina de Francia



En la corte de Luis XVI se encargaba de la etiqueta madame de Noailles. Era tan cuidadosa en su gestión que María Antonieta, reina de Francia, estaba harta del celo en su labor, al punto de llamarla madame L´Etiquette.
Durante una gira campestre María Antonieta cayó del burro sobre el cual se trasladaba. Solícitos, los ayudantes y acompañantes fueron a auxiliarla, pero ella se negó a colocarse en pie.
Estaba maltrecha…
¡No!
Exigió a gritos que se presentara madame de Noailles “para que nos diga lo que manda la etiqueta cuando se cae del burro la reina de Francia”

domingo, 8 de marzo de 2009

Rafael María Baralt: escritor, periodista, historiador, filólogo, crítico y poeta venezolano




Estudiante de la célebre Universidad de Bogotá, en el devenir del tiempo se realiza como escritor, periodista, historiador, filólogo, crítico y poeta. Se incorpora a la actividad política que en ese tiempo se ligaba a la militar (¿coincidencias con la época presente?). La República Dominicana lo designa como ministro plenipotenciario para pactar con España el tratado de reconocimiento de la nueva nación.
Este personaje, escritor e historiador, es hijo de Miguel Baralt y de la dominicana Ana Francisca Pérez. Como Fermín Toro y Juan Vicente González, Baralt nace sobre la fecha de la independencia, crece mientras se lleva a cabo la guerra e irrumpe en la vida pública y cultural del país cuando se ha disuelto la Gran Colombia.
Pero el escritor zuliano se incorpora a los hechos de otra manera: pertenece al ejército patriota siendo un adolescente y es testigo de la batalla naval del lago de Maracaibo (24.7.1823). Ello ocurre apenas vuelve de la isla de Santo Domingo de donde era oriunda su madre y adonde su familia lo había trasladado cuando era niño. Posteriormente, pasa a Bogotá (1826) a proseguir estudios, graduándose allí de bachiller y, de regreso a Maracaibo (1828), sigue en la milicia, compartiendo el cuartel con la lectura de los clásicos españoles. Oficial único de la Administración de Correos del departamento del Zulia, sirve como oficial del Estado Mayor y secretario del general Santiago Mariño en la Campaña de Occidente (comienzos de 1830). Por entonces realiza su primer trabajo de historiador: la ordenación de los documentos de campaña de Santiago Mariño.
Se introduce en las tensiones políticas de la región, uniéndose a quienes desean separar a Maracaibo de la Gran Colombia. Su traslado a Caracas, ya en la época del ciclo paecista, significa por una parte, la continuación de su carrera militar, la obtención del título de agrimensor y, por otra, la incorporación a la vida intelectual y cultural de la capital.
Baralt se asocia a las grandes personalidades del momento, participa en las actividades de la Sociedad Económica de Amigos del País y da a conocer en la prensa las prosas y artículos costumbristas que le aseguran rápidamente el prestigio de escritor y estilista.
Interviene al lado del gobierno de José María Vargas en la Revolución de las Reformas (1835) y hacia 1837, por iniciativa propia, comienza a investigar y acopiar los materiales que lo convertirán en historiador. Este empeño personal coincide con un interés colectivo: un proyecto intelectual de envergadura como es el que supone editar el Resumen de la geografía de Venezuela y el Atlas que prepara Agustín Codazzi. Como ha podido comprobarse fidedignamente, tanto en el estilo como en la conceptualización, la presencia de Baralt en este proyecto fue más que la de un simple colaborador. Así nace, con la participación de Ramón Díaz Martínez, el Resumen de la historia de Venezuela en 3 volúmenes, publicado en 1841 en París, adonde había viajado Baralt, comisionado por Codazzi, para ayudar a la elaboración y edición de los trabajos emprendidos.
De regreso de su misión editorial en París (agosto 1841) y siempre en calidad de experto, se le encomienda estudiar el problema de los límites venezolanos con la Guayana Inglesa, tema en el que ya Baralt estaba trabajando. Con tal fin viaja nuevamente a Europa, esta vez de manera definitiva (13.9.1841). Tiene 31 años. A las órdenes del ministro plenipotenciario Alejo Fortique, va a Londres y por último se radica en España.
De los archivos de Sevilla, viaja a Madrid (1845). Este desarraigo supone para Baralt el cumplimiento de su destino intelectual y literario. Hacia 1843-1844 escribe su oda Adiós a la patria y otros poemas. Se suma a los círculos literarios de España, hace abundante periodismo y se asimila a la vida política de ese país. El libro Poesías (1848), así como la recopilación de sus prosas políticas dispersas, comienzan a cuajar en una serie de volúmenes: Programas políticos, Historia de las cortes, Lo pasado y lo presente, Libertad de imprenta (1849), contando con la colaboración de Nemesio Fernández Cuesta. Sin embargo, como prosista reputado y autoridad en el estilo, del interés de Baralt no podía estar ausente el estudio y el conocimiento de la lengua española. En este campo, su labor lexicográfica se hizo famosa; a ella pertenecen el ambicioso prospecto de un Diccionario matriz de la lengua castellana (1850) y el Diccionario de galicismos (1855).
La verdadera apoteosis del autor ocurre el 15 de septiembre de 1853 cuando la Real Academia Española lo elige para ocupar el sillón vacante de Juan Francisco Donoso Cortés. En su discurso de incorporación, el escritor venezolano, tras hacer un examen de las ideas políticas de su antecesor, expone su doctrina de catolicismo liberal. El prestigio lo lleva a desempeñar cargos públicos importantes: la dirección del vocero oficial Gaceta de Madrid y la administración de la Imprenta Nacional (1854).
La República Dominicana, país en el que había pasado su infancia, lo designa como ministro plenipotenciario para pactar con España el tratado de reconocimiento de la nueva nación. Por circunstancias políticas, es violada su correspondencia oficial cuando se discute la interpretación del tratado. España lo desconoce como embajador, lo priva de sus cargos públicos y lo enjuicia (1857). Aunque es absuelto y reivindicado públicamente, su salud queda quebrantada y muere en Madrid a los 49 años. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 23 de noviembre de 1982.
ADIOS A LA PATRIA
(Estrofas)
Tierra del sol amada
Donde inundado de tu luz fecunda
En hora malhadada
Y con la faz airada
Me vio el lago nacer que te circunda.
No te duela mi suerte,
No maldigas mi nombre, no me olvides
Que, aun vecino a la muerte,
Pediré con voz fuerte
Victoria a Dios para tus justas lides
Dichoso yo si un día
A ti me vuelve compasivo el cielo,
I me da, patria mía
Digno sepulcro en tu sagrado suelo
Maracaibo (Edo. Zulia) 3.7.1810 - Madrid, 4.1.1860

José María Vargas: “El mundo es del hombre justo y honrado.”

Prócer civil, albacea del Libertador Simón Bolívar, es símbolo de la preeminencia del poder civil sobre el autoritarismo militar en los albores de la república. Médico de profesión, fue rector de la Universidad de Caracas electo por el Claustro universitario y Presidente de la República de Venezuela, en momentos en que se imponía la figura militar de los héroes de la Independencia.
Nació en La Guaira el 10 de marzo de 1786. Fue considerado como un hombre de avanzado pensamiento cívico para su época. Tenía una vasta formación científica humanística. A los 16 años ingresó al Seminario Tridentino de Caracas, donde estudia cuatro años y obtiene el grado de Bachiller en Filosofía (1803).
Tres años más tarde es Maestro de Artes y en 1808, apenas se gradúa de doctor en Medicina, para ejercer en Cumaná su profesión. En esta tierra oriental le sorprende el 19 de abril de 1810, día de la independencia de Venezuela y a la caída de la Primera República, Vargas es sometido a prisión en los calabozos de La Guaira, puesto que en 1812 se había regresado a su tierra natal.
En 1813 al llegar Bolívar a Caracas, fue liberado. Vargas se traslada a Europa, donde perfecciona sus conocimientos en Medicina, Astronomía, Física, Cánones, Lenguas vivas y muertas, además de mostrar interés en otras áreas como la Oftalmología, Anatomía, Patología, Tocología, Mineralogía, Botánica y Química.
De Europa pasa a Puerto Rico, donde permanece hasta 1825 cuando decide regresar nuevamente a Venezuela. Al año siguiente, funda la Cátedra de Anatomía en la Universidad de Caracas dando clases gratuitamente.
Presentado como candidato a la presidencia de la República de Venezuela, repetidas veces renuncia, pero sus amigos insisten en inscribirlo logrando obtener la mayoría de votos en las elecciones. El 9 de febrero de 1835 presta juramento como Presidente de Venezuela, en abril renuncia y en julio, de ese mismo año, estalla la Revolución de las Reformas, cuando la insolencia de Carujo se impuso ante la razón y la justicia.
Vargas es expulsado del país, pero Páez lo repone en el mando. Sin embargo, fue por poco tiempo, ya que el 14 de abril renuncia definitivamente. Se retiró de sus quehaceres vocacionales: la ciencia y la educación y en 1842 preside los actos del traslado de los restos del Libertador desde Santa Marta a Caracas.
El derrocamiento del Presidente Vargas
“Una compañía al mando del Capitán Julián Castro se formó a la puerta de la casa de Vargas, con orden de no dejar entrar ni salir a nadie sin permiso de los revolucionarios. En las primeras horas de la mañana va a conferenciar con el cautivo Presidente el nuevo General Carujo. Es clásica en las tradiciones venezolanas la entrevista de este rebelde de oficio y el austero Presidente que se veía ahora secuestrado por la soldadesca.
Empeñase Carujo en demostrarle que el único medio de evitar la guerra civil es renunciar a la Presidencia, alegando que el Gobierno estaba de hecho vencido, que los hechos son la fuente del derecho y la revolución el origen de todo gobierno, y que el hecho del 8 de julio iba a ser el derecho del día siguiente. Vargas opone a la brutal franqueza del soldado la calma entera del filósofo, y le contesta que el poder que está ejerciendo no es renunciable sino ante el Congreso, ni reconocerá nunca el Presidente de la República la autoridad de una revolución a mano armada.
¡Señor Doctor! – grita Carujo- “El mundo es de lo valientes”.
¡Señor Carujo! – replica Vargas- “El mundo es del hombre justo y honrado.”
Al producirse el cuartelazo, el presidente Vargas nombró a Páez Jefe del Ejército frente a los alzados que a su vez habían designado a Mariño como Jefe Superior de la revolución. Páez que se encontraba en uno de sus hatos en el Guárico, movilizó sus tropas hacia Caracas (los caudillos militares tenían sus propias fuerzas, formadas a menudo por los peones de sus hatos y haciendas), y se pronunció en favor del presidente José María Vargas.En el camino sumó a sus fuerzas las de algunos jefes alzados en el centro y entró a la ciudad evacuada poco antes por los revolucionarios. Páez declaró restablecido el gobierno legítimo y, mientras regresaba del exilio el doctor Vargas puso al frente del gobierno al General José María Carreño en su carácter de presidente del Consejo de Gobierno. Luego optó por negociar con los alzados a los cuales, como en 1831, ofreció indultos y les garantizó sus grados militares y propiedades a cambio de que se sometieran al gobierno y reconocieran su autoridad.

En agosto del mismo año el doctor Vargas regresó al país y reasumió la presidencia hasta marzo de 1836, fecha en la cual renunció y se separó definitivamente del gobierno, dejando encargado al Vicepresidente Andrés Narvarte. Cuando terminó el periodo de éste, en enero de 1837, se encargo de la presidencia, una vez más, el General Carreño hasta el 20 de mayo, cuando habiendo sido electo Vicepresidente el General Carlos Soublette, asumió la presidencia y la ejerció como encargado hasta que terminó el período en 1839.
La insurgencia militar contra el presidente Vargas constituyó el hecho decisivo en este accidentado período constitucional. La lucha entre los caudillos militares se había impuesto y fracasaba el efímero ensayo de gobierno civil. El propio Vargas poco antes de asumir el gobierno, había denunciado a “los hombres que han creído que, Venezuela es su patrimonio”, refiriéndose a los caudillos militares que negaban a los civiles el derecho a gobernar y se disputaban entre ellos la dirección de la nueva República.No obstante, haber fracasado la revuelta, el presidente Vargas no pudo terminar su período por falta de apoyo de Páez, quien pretendía que el doctor Vargas sirviera a sus fines políticos. El triunfo sobre los alzados no sirvió, pues, para afianzar al presidente constitucional, sino más bien para fortalecer a Páez como caudillo.

Estaba en juego en aquellos momentos la jefatura que Páez venía ejerciendo desde 1826. De haber triunfado la Revolución de las Reformas, Páez habría sido desplazado como caudillo principal por Mariño o Monagas. Esta circunstancia lo determinó a oponerse a los revolucionarios en la certeza de que su éxito lo afianzaría en el mando de la república.El triunfo le permitió, apartar temporalmente a sus rivales militares y al mismo tiempo deshacerse del presidente Vargas cuyo alto cargo pasó a ocupar el General Soublette, precisamente el candidato de Páez derrotado en las elecciones de 1834.
Los enemigos del sabio Vargas no le discutían sus méritos científicos, pero le “echaban en cara” el haber emigrado en 1813 (después del regreso de Bolívar a Caracas) y haberse residenciado en Puerto Rico (1817-1825) después de sus estudios en Edimburgo (1814-1817). Alegaban además que éste dejó en Puerto Rico a su familia y sus bienes, regresando a su patria cuando la paz ya estaba asegurada (1825) para ser nombrado catedrático de la Universidad de Caracas en 1826 y Rector en 1827 (electo por el claustro) después de las reformas realizadas por Bolívar el año 27.
En agosto de 1853, sintiéndose enfermó viajó a Estados Unidos, donde residió primero en Filadelfia y luego en Nueva York donde finalmente murió el 13 de julio del año siguiente. En 1877, sus cenizas fueron traídas a Caracas y sepultadas en el Panteón Nacional el 27 de abril de ese mismo año.
Como un homenaje a su memoria, el Municipio -hoy estado de la República Bolivariana de Venezuela- donde nació se llama Vargas desde 1987. También los médicos celebran su día el 10 de marzo de cada año.

“Juan Pablo Sojo tiene su propio idioma…”



“Juan Pablo Sojo tiene su propio idioma. Su idioma negro, venezolano, mestizo, nacido de poderosas cópulas, de sombríos coitos, durante las cuales el idioma castellano se entregaba, estremecido y femenino, al cuerpo ancestral del negro”. Así define Juan Liscano la pasión de escritor de Juan Pablo Sojo.
Juan Pablo Sojo nace en Curiepe, estado Miranda, el 23 de diciembre de 1907. Hijo del maestro músico Juan Pablo Sojo y de Brígida Rengifo. Fue boticario en Higuerote, Curiepe y Caracas. Desde su natal Curiepe, enviaba artículos al diario El Universal, así como al semanario Fantoches. A raíz de una crítica periodística, Rufino Blanco Fombona, presidente del estado Miranda, ordena encarcelarlo en 1937. Su cuento “Hereque”, su novela Noche buena negra, (novela, 1ª ed. Caracas, 1943); y su obra Temas y apuntes afrovenezolanos, (ensayos, 1ª ed. Caracas, 1943); su pieza teatral El árbol que anda, estrenada en 1945 bajo la dirección de Eduardo Carreño en el Teatro Nacional, 1945, son una muestra de la extensa obra que legó a las generaciones futuras este gran intelectual mirandino. En 1948 acompaña al poeta cubano Nicolás Guillén en su recorrido por Barlovento. De ahí nace el poema “Luna de Barlovento” de Guillén.

Otras obras publicadas por Juan Pablo Sojo: Tierras del estado Miranda, sobre la ruta de los cacahuales (crónicas, 1ª ed. Caracas, 1938); Estudios del folklore venezolano (ensayos, 1ª ed. Los Teques, 1986) y numerosos artículos en periódicos y revistas, los cuales se difundieron en El País, La Esfera, Ahora, El Universal, El Nacional, Revista Nacional de Cultura, El Farol, etc., y en ellos reivindicó los valores culturales de los africanos y sus descendientes en la formación etnohistórica y social de nuestra nación; todo lo antes dicho, a través de una visión desde adentro, tomando en cuenta el modo de ser de los barloventeños y de los otros venezolanos de origen africano. Coautor de “Folklore y cultura. Ensayos” (1950), “El Estado Miranda. Su tierra y sus hombres” (1959), “Antología de cuentistas y pintores venezolanos” (1976), y “La fiesta de la tradición: 1948. Cantos y danzas de Venezuela” (1998).
Conoce a profundidad a africanistas de su época, tales como James George Frazer, Arthur Ramos, Gilberto Freyre, Fernando Ortiz, Maurice Delafosse, Raymundo Nina Rodríguez, etc. Además, cita en muchas ocasiones a los cronistas Juan de Castellanos, José Gumilla, José de Oviedo y Baños, fray Alonso de Zamora y Pedro Joseph de Olavarriaga. Asimismo, a los expedicionarios Alejandro de Humboldt y Francisco Depons. También fueron frecuentes sus múltiples referencias a autores venezolanos contemporáneos: Arístides Rojas, Francisco Tosta García, Lisandro Alvarado, Mariano Picón Salas, Mario Briceño Iragorry, Amílcar Fonseca, Carlos Irazábal, Enrique Bernardo Núñez, Juan Liscano, Francisco Tamayo, Gilberto Antolínez y muchos otros.
Juan Pablo Sojo, además, escribe poesías, cuentos y obras de teatro, todas afianzadas en los numerosos problemas que afectaban a los descendientes de africanos tanto en Barlovento como en toda Venezuela; por lo tanto, observamos que tuvo “…un gran afecto por su tierra y el elemento humano que la habitaba, todavía con vivas manifestaciones del contacto entre lo africano y la naturaleza barloventeña…” (Sojo Cardozo, Juan Pablo, “Introducción”. En: Sojo, Juan Pablo, Estudio del folklore venezolano, p. 9). E igualmente, tenemos que destacar que fue J. P. Sojo quien por primera vez utilizó en la patria de Simón Bolívar el término “afrovenezolano”, con la finalidad de hacer alusión a los componentes étnico-culturales procedentes del continente africano e incrustado firmemente en el país llamado Venezuela.
Sojo fallece en Caracas el 8 de octubre de 1948, dejando trunca lo que prometía ser la más extensa y completa obra sobre la cultura afrovenezolana…

El venezolano Narciso López confecciona la bandera de Cuba



La bandera fue izada en las oficinas de los hermanos Beach, dueños del periódico The Sun, situadas en las calles de Fulton y Nassau, en la ciudad de Nueva York.
En marzo de 1848 en la isla de Cuba se conspiraba contra España. La figura central de la conspiración era el general Narciso López.
Nacido en Venezuela, entró desde muy joven en el ejército español y peleó a favor de la causa realista. Tras la derrota monárquica en la batalla de Carabobo, Narciso López se marcha con ellos a España, donde alcanzó el grado de general.
Regresa a Cuba en 1841, acompañando al capitán general Jerónimo Valdés, al cual le había salvado la vida en la batalla de Las Amezcuas. Es designado gobernador de la provincia de Trinidad, cargo del que fue separado al poco tiempo. López se dedica a actividades industriales de poco éxito.
Su defensa de los cubanos en 1837, cuando sus diputados fueron rechazados por las Cortes españolas; la popularidad alcanzada en su época de gobernador y el estrecho lazo de sangre que lo ataba a la Isla, le dio carta de ciudadanía. Concibió la idea de independizarla y de constituirla en república, dentro del concierto de los pueblos libres de América.
Primeramente, preparó la conspiración de la Mina de la Rosa, que debía iniciar la revolución el 24 de junio de 1848. Pero hubo de aplazarse a solicitud del Club de La Habana, para contar con mayores recursos. El Club le había ofrecido la jefatura del movimiento al general americano William Jenkins Worth, el cual no aceptó. Por dicha demora, la conspiración abortó. Narciso López tuvo que escapar a los Estados Unidos.
La Bandera de Cuba
No habiendo sido posible coordinar los diversos grupos que procuraban la independencia, López decide actuar por su cuenta. En junio de 1849, reunidos en una casa de huéspedes en la calle Warren en Nueva York, López, el poeta Miguel Teurbe Tolón, José Aniceto Iznaga, su sobrino José Sánchez Iznaga, Cirilo Villaverde y Juan Manuel Macías, confeccionan la bandera de Cuba, que es hoy el pabellón oficial: dos franjas blancas, tres azules, un triángulo rojo y una estrella solitaria. Sobre ella juraron luchar y ofrendar la vida por hacer de Cuba una república libre e independiente. Esta bandera fue izada en las oficinas de los hermanos Beach, dueños del periódico The Sun, situadas en las calles de Fulton y Nassau.
Narciso López fue un guerrero valeroso de genio indomable, pero sin suerte. Organiza una expedición y fracasa al ser sus barcos ocupados por el gobierno americano. A pesar de ello persiste en sus planes y forma una nueva expedición. Sale ésta de Nueva Orleáns en mayo de 1850, arribando a las costas de Cuba. Invade la ciudad de Cárdenas, en cuya población toma prisionero al gobernador. En esta ciudad flota por primera vez la insignia nacional cubana. Los invasores ocupan la ciudad por 48 horas, del 19 al 21 de mayo, fechas simbólicas en la historia de Cuba. Pero las fuerzas españolas se rehicieron, con auxilio de las comarcas cercanas, y no encontrando apoyo en el pueblo, López y su grupo se reembarcan rumbo a los Estados Unidos.
La bandera de Cuba fue proclamada como tal el 11 de abril de 1869, en la Asamblea de Guáimaro.
Desembarco de Playitas
Al año siguiente, en 1851, se organiza una nueva expedición con 150 hombres, al mando del propio López. Formaba parte de ella el coronel William Crittenden, sobrino del secretario de justicia del presidente Millard Fillmore. Parten del puerto de Nueva Orleáns y arriban el 12 de agosto en el desembarcadero de Playitas, en la costa norte de la parte occidental de la Isla, que hoy forma la provincia de Pinar del Río, próximo a Bahía Honda. Ocupaba el gobierno de la Isla el general José Gutiérrez de la Concha, compañero de López en el ejército español. Teniendo conocimiento, por medio de su espionaje de dicho desembarco, el gobernador envió fuerzas a combatir a López. Apenas abandonaron El Pampero, que así se llamaba el barco, fueron atacados los expedicionarios por soldados hispanos al mando del general español Manuel Ena, quien pierde la vida en combate.
La sorpresa fue fatal para los libertadores. Sus fuerzas se dividieron. Cayó en poder de los españoles el coronel Crittenden, con 50 combatientes, todos ciudadanos de los Estados Unidos. Conducidos a La Habana, fueron fusilados y mutilados el 16 de agosto, en las faldas del Castillo de Atarés.
El 29 del mismo mes cae prisionero Narciso López, traicionado por un compadre suyo de apellido Castañeda que le entrega a la tropa española. En La Habana, sufre la muerte en garrote vil, en el campo de la Punta, próximo al Castillo de la Fuerza y al paseo del Malecón, el día primero de septiembre de 1851. Al subir al patíbulo, exclamó-
«Mi muerte no cambiará los destinos de Cuba».
Y añadió, dirigiéndose al público:
«Cuba, por ti muero».


Significado de la bandera

Significado de sus elementos: La estrella solitaria de cinco puntas representa la república libre, independiente y soberana que debía ser Cuba y a la unidad de los cubanos. Un ideal por alcanzar. El rojo, ubicado dentro de un triángulo en clara alusión al tríptico de los ideales franceses de: libertad, igualdad y fraternidad, alude a la sangre derramada en la lucha. Las franjas blancas a la pureza de los ideales y a la virtud de los cubanos. Las azules (por los tres departamentos en que se dividía en esa época Cuba: Occidente, Centro y Oriente), revelaban las elevadas y celestiales aspiraciones de los patriotas. El color azul era, inicialmente, celeste, no turqui, como es actualmente.
Su forma: Es rectangular, de doble largo que ancho, compuesta por cinco franjas horizontales del mismo ancho, tres de color azul turquí y dos blancas dispuestas de forma alternada. Un triángulo equilátero de color rojo en uno de sus extremos, uno de cuyos lados es vertical, ocupa toda la altura de la bandera y constituye su borde fijo. Dicho triángulo lleva en su centro una estrella blanca de cinco puntas, inscripta en una circunferencia imaginaria, cuyo diámetro es igual a un tercio de la altura de la bandera, con una de sus puntas orientada hacia el borde libre superior de la bandera.

José María Aurrecoechea: “Yo no soy, no puedo ser un traidor”




Venezolano, militar y revolucionario, defensor de la legalidad y héroe de la Independencia de Cuba
Este venezolano militar y revolucionario, nace en Puerto Cabello el 9 de abril de 1842. Realiza sus estudios en la ciudad de Caracas, en el colegio El Salvador del Mundo, dirigido por Juan Vicente González y Manuel María Urbaneja.
Tras los sucesos de la «Revolución de Marzo de 1858», se incorpora a la carrera de las armas bajo el mando del general Justo Briceño, defensor de la fusión liberal conservadora, en apoyo a Julián Castro, quien llega a la Presidencia de la República liderando la señalada revuelta.
En abril de 1858 lo encontramos en la campaña de Oriente contra José Gregorio Monagas. Luego es asignado al cuerpo de artillería, ingresando en calidad de adjunto a la Academia Militar, bajo las órdenes del comandante de ingeniero Carlos Mendoza.
En septiembre de 1859 participa destacadamente en el combate de Maiquetía, bajo la dirección del teniente de ingenieros Genaro Rafael Pereira. Pasa a integrar el batallón Convención donde alcanza el grado de capitán.
El 29 de agosto de 1861 el coronel José Echezuría, llegado del Tuy y estimulado por facciones paecistas, deponen al Presidente de la República Pedro Gual. Aurrecoechea no participa del golpe, mas se encuentra que los soldados bajo su mando están del lado de los amotinados. José María Aurrecoechea manifiesta su inconformidad y rompe su espada delante de Echezuría, diciéndole: Yo no soy, no puedo ser un traidor
Aurrecoechea es apresado y sometido a juicio. Logra escapar y se instala en La Habana. Pronto se alista en las filas de los insurgentes independentista de Cuba, enrolándose al lado de Carlos Manuel de Céspedes. Adquiere el grado de Mayor general del ejército independiente y general en jefe del distrito de Holguín. El 9 de diciembre de 1870 es delatado por un espía y capturado con su estado mayor en un bohío en la montaña de la Faja. Enjuiciado, es sentenciado a muerte, junto con Facundo Cable, su jefe de estado mayor. La prensa española le rinde tributo por su conducta heroica. Es fusilado el 11 de diciembre de 1870.

La maldición de Capistrano



El Zorro es un personaje de ficción que fue harto utilizado por el presidente Chávez para anatematizar a los candidatos de UNT en el estado Zulia. Poco conocen los asesores del presidente sobre este héroe, quien hizo pública aparición por primera vez en el cuento la maldición de Capistrano, 1919, en la revista All-Story Weekly.Arthur Johnston McCulley, creador del personaje, nace el 2 de febrero de 1883 en Illinois, EE UU, y desarrolla la actividad de reportero policial. Su dedicación a la literatura la canalizó en cientos de cuentos y en cincuenta novelas. Escribe historietas con California como tema de fondo, entre ellas la del Zorro, un joven noble hacendado quien lucha contra la injusticia y el crimen en la Alta California, territorio que formaba parte del México colonial, bajo la corona del reino de España.

En su versión tradicional, la producida por Walt Disney en los años 50, el Zorro lucha contra la opresión de un militar, Monasterio, que utiliza los altos impuestos que le cobra a la población para dilapidarlos en corrupción, lujo e incompetencia. Monasterio simboliza la injusticia y contra él lucha el Zorro, ayudado por el fiel e inteligente Bernardo, quien sabe secundarlo, apoyarlo y ayudarlo en su combate contra el oprobioso poder totalitario del militar in comento.
Hay una versión contemporánea, la llevada al cine con Antonio Banderas en el papel de El Zorro y Anthony Hopkins como Bernardo. En esta zaga, Bernardo es el Zorro original, quien había entablado una larga lucha contra el representante del rey, Rafael Montero, y había sido detenido, no por haber sido descubierto en su doble personalidad, sino por un arrebato de celos y envidia de Montero, ante la belleza que tiene Diego de la Vega como esposa. El todopoderoso Montero ordena el asalto a la residencia de Diego de la Vega, muriendo en la acción la bella Elena, él es hecho preso y la pequeña bebe, es secuestrada y criada como hija de Montero.

En ambas versiones Bernardo es un personaje espectacular. Bien en la original de Walt Disney, en que su inteligencia natural descontrola en innumerable ocasiones a las tropas opresoras, engaña al militar felón o sencillamente pasa como humilde servidor para enterarse de los planes maléficos del capitán Monasterio.
En la segunda versión, Bernardo es el Zorro original, quien por la edad, luego de haber recuperado la libertad, al estilo del conde de Montecristo, le pasa el testigo a Alejandro Murrieta, quien tiene cuentas por cobrar a un comandante del ejército de Montero, el capitán Harrison Love, que se distingue por su crueldad.
Visto así, Bernardo es un personaje heroico, el Zorro un hombre excepcional; ambos luchan contra la injusticia, la corrupción y por la libertad. Los malos de la zaga son unos militares y civiles crueles, indolentes, corruptos, por decir algo, que representan el poder o están al servicio del mismo.
En el imaginario popular la figura del Zorro y de Bernardo no es peyorativa. Todo lo contrario. Se asimila a justicia, libertad, igualdad, solidaridad, fraternidad. A familia bien constituida, abolengo, patria, a buen gobierno, a democracia social…

Chacao pudo haber sido Caracas



Comentarios en torno al traslado de Caracas a Chacao, el terremoto del día de San Bernabé, fray Mauro de Tovar y sobre las familias originarias.

El once de junio de 1641, día de San Bernabé, entre las ocho y media y las nueve de la mañana, tembló en la ciudad de Santiago León de Caracas. El mismo se sintió fuertemente en la Guaira y fue de tal magnitud, que no existió edificación que no sufriera daños, siendo la mayoría de ellas destruidas. La iglesia mayor sufrió averías considerables, abriéndose por varias partes. Cayó parte del Convento de Las Monjas, la iglesia de San Francisco se desplomó casi en su totalidad. La ciudad fue literalmente destruida y acto seguido, se desató una plaga que diezmó a la población y los sobrevivientes, en su mayoría, quedaron sumido en la miseria.

A raíz del mencionado terremoto, muchos vecinos caraqueños buscaron amparo al este de la ciudad encontrando en el sitio que hoy conforma el Municipio Chacao amparo. A tal punto, que se pensó en el traslado de la ciudad de Caracas hacia el lugar que ocupa hoy Chacao. Mas fray Mauro de Tovar se opone y logra su cometido de no reasentar la urbe.

Pero quien era este fray Mauro de Tovar. Sacerdote benedictino, fue obispo de Venezuela entre diciembre de 1640 y febrero de 1654. Hombre de desempeño público muy polémico. Su personalidad dominante, arbitraria, orgullosa y hasta tiránica, como lo reseña el historiador Lucas Castillo Lara, contribuye a desatar querellas que algunas han pasado a la historia. Una de ellas, su tenaz oposición a la fundación del convento de la orden de los mercedarios. Ante la insistencia de los seguidores de dicha orden y la construcción del convento señalado, fray Mauro de Tovar decreta el 29 de agosto de 1641 la demolición de dicha edificación, a causa de los daños causado por el terremoto del día de san Bernabé en la misma. Los mercedarios se niegan a dar cumplimiento a dicho decreto, motivo que incita a Mauro de Tovar a encabezar una procesión – manifestación que hace efectivo el decreto de demolición y, como ñapa, excomulga al fraile de esa orden, Juan de Espinosa.

Otro escándalo, y situémonos en la sociedad del siglo XVII, fue el proceso de anulación del matrimonio de Ana de Cepeda y Pedro Navarro. Ana de Cepeda acusa a su marido de malos tratos y amancebamiento con su hermana, Jimena Ponte. Fray Mauro de Tovar dispone el apresamiento de los hermanos Jimena y Pedro; revive una causa pendiente contra la madre de estos por no haber bautizado a 7 de sus 10 hijos y la excomulga, al igual que a otros parientes.

Fray Mauro de Tovar excomulga al teniente general Fernández de Fuenmayor y a los alcaldes ordinarios por haber participado en el juicio. El caso sigue su curso en Santo Domingo, resultando a su vez excomulgado fray Mauro de Tovar. Pero esto no queda aquí. Sigue la contienda jurídica en el Consejo de Indias, instancia en la que logra que se levante las sanciones impuestas en Santo Domingo, y le encarga “…que siempre guardéis las leyes de estos reynos, para cumplir todo lo que debéis y sois obligado y excusar para lo adelante ocasiones de semejantes escándalos…”. El pleito continúa ya que Gabriel Navarro, quien es procurador de Caracas ante el Consejo de Indias en 1648, presenta documentos contentivos de las ofensas del obispo contra su familia.

En 1650 el polémico obispo es trasladado a Chiapas, México (se efectúa en febrero de 1654), por lo que se tranquiliza esta disputa no sin estampar la siguiente frase al embarcarse, tras sacudir las zapatillas: “de Caracas no quiero ni el polvo, ahí se los dejo”.

En 1776 una epidemia de viruela causa estragos en Caracas. Al igual que en 1641, muchas familias se trasladan a Chacao y no pocas sentaron residencia definitiva en esta comarca.

Otro sacerdote, el padre José Mohedano, primer Cura propio de Chacao, indica que para el 12 de julio de 1770 Chacao contaba con 1445 habitantes. Para ese momento la jurisdicción comprendía Sabana Grande, Chacaito, Chacao y Sebucán. El censo del padre Mohedano nos refiere que la población contaba con 145 casas, ubicadas en 8 calles denominadas así:
Calle de la Santísima Trinidad: corre de Norte a Sur; Calle de la Encarnación del Hijo de Dios, corre de Sur a Norte; Calle del Nacimiento de Jesucristo, corre de Sur a Norte; calle de la Circuncisión del Señor, corre de Sur a Norte; calle de la Presentación de Jesús, corre de Oriente a Poniente; calle de la Huida a Egipto, corre de Poniente a Oriente; calle del Niño Perdido, corre de Oriente a Poniente; calle del Bautismo de Nuestro Señor, corre de Poniente a Oriente.

En el censo destacan algunas cabezas de familia, tales como la de don Mateo Blanco, Francisco Xedler, Alejandro Blanco, Francisco Antonio Borges, Nicolás Blanco, Ana de Liendo, Félix Blanco, Antonio Archeta, Isabel Daboin, entre otras. En el Partido de Chacaito y Sabana Grande, entre otras cabezas de familia se encuentran los siguientes nombres: Juan Diaz, Carlos Betancourt, José Mañas, José González Manzo, Damiana de la Cruz Pérez. En el Partido de Sebucán: José Díaz, Agapito Acevedo, María Felipa Xedler, entre otros.

Quizás de no haberse opuesto Mauro de Tovar a la idea de trasladar a Caracas hacia los terrenos que hoy comprenden Chacao, la ciudad fuese hoy, políticamente, la capital de la República, y Chacao, una parroquia de la ciudad capital…

Carlos Marx: “necesito serias explicaciones sobre su posición económica…”



La vida es única para cada quien y se vive de acuerdo a su razón capital. Cuando la pareja encuentra la complementariedad que satisface sus exigencias vitales, se entiende que la vida va más allá del existir…
Paul Lafarge nace el 15 de enero de 1842 en Santiago de Cuba, expresión del mestizaje, propio del Caribe: su abuela paterna era mulata oriunda de Haití, la materna, indígena cubana; sus abuelos, Jean Lafargue y Abraham Armanagc, franceses. Paul, hijo de un terrateniente acomodado, obtuvo buena educación en su Cuba natal, la cual completó cuando la familia se traslada a Francia, oportunidad para culminar sus estudios de bachillerato en el tecnológico de Toulouse. Luego se va a París a estudiar medicina, donde se ocupa de su formación política, topándose con el positivismo de Comte, textos de Kant, Feuerbach, Darwin y los pensadores socialistas Fourier y Proudhon. Este último capta al joven y se hace miembro de la Sección Francesa de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), fundada en Londres en 1864.
En 1865 participa en Londres en la fundación de la I Internacional y conoce a Carlos Marx en el mitin de Saint-Martin´s Hall. Deportado de Francia por sus actividades proselitista, se radica en Londres donde frecuenta a Marx. Conoce a su hija Laura y entabla amores con ella. Relaciones que preocupan al futuro suegro y no tiene empacho en manifestar en una carta fechada el 13 de agosto de 1866 la cual dice: “si quiere continuar con las relaciones con mi hija (Laura) tendrá que reconsiderar su modo de “hacer la corte”. Usted sabe que no hay compromiso definitivo, que todo es provisional; incluso si ella fuera su prometida en toda regla, no debería olvidar que se trata de un asunto de larga duración. La intimidad excesiva esta, por ello, fuera de lugar si se tiene en cuenta que los novios tendrán que habitar en la misma ciudad durante un periodo necesariamente prolongado de rudas pruebas y purgatorio (…) A mi juicio, el amor verdadero se manifiesta en la reserva, la modestia e incluso la timidez del amante ante su ídolo, y no en la libertad de la pasión y las manifestaciones de una familiaridad precoz. Si usted defiende su temperamento criollo, es mi deber interponer mi razón entre ese temperamento y mi hija (…)
Antes de establecer definitivamente sus relaciones con Laura necesito serias explicaciones sobre su posición económica. Mi hija supone que estoy al corriente de sus asuntos. Se equivoca. No he puesto esta cuestión sobre el tapete porque, a mi juicio, la iniciativa debería haber sido de usted. Usted sabe que he sacrificado toda mi fortuna en las luchas revolucionarias. No lo siento, sin embargo. Si tuviera que recomenzar mi vida, obraría de la misma forma (…) Pero, en lo que esté en mis manos, quiero salvar a mi hija de los escollos con los que se ha encontrado su madre…”
A pesar de los exámenes del minucioso suegro, Laura Marx y Paul Lafarge se casaron el 2 de abril de 1868.
La pareja vive una vida signada por la pasión. El miércoles 29 de noviembre de 1911, Paul y Laura entraron en un cine de París para “matar el tiempo”. Hay una decisión tomada y la firmeza para el cumplimiento. Volverán a la cama, lugar de encuentros apasionados y desencuentros, tiempos en que defienden con ardor sus puntos de vistas. Nada impedía su felicidad.
Tras el cine y cuarenta años de matrimonio, la pareja visita la recurrente pastelería en la cual escogen sus preferencias y se trasladan a casa, una villa campestre en Draweel. Allí hacen un arqueo de sus vidas, recuerdan la carta del viejo Marx donde dice “Ese maldito de Lafargue me está atormentando con sus ideas y modales, y no va a dejarme en paz hasta que no le siente bien el puño en su cabeza de criollo.”
Marx poco comprendía las ideas de su seguidor Lafarge, quien intentaba licuar en una poción mágica el hedonismo con el marxismo: “El fin de la revolución –afirma en su libro “elogio a la pereza”- no es el triunfo de la justicia, de la moral, de la libertad, y demás embustes con que se engaña a la humanidad desde hace siglos, sino trabajar lo menos posible y disfrutar, intelectual y físicamente, lo más posible. Al día siguiente de la revolución habrá que pensar en divertirse”… Nadie debería trabajar más de tres horas, “holgazaneando y gozando el resto del día y de la noche. En la sociedad capitalista, el trabajo es la causa de toda degeneración intelectual, de toda deformación orgánica”.
Aquel miércoles degustaron sus pastelitos, tomaron su té mezclado con veneno y se acostaron cubriéndose con el edredón. Al otro día, el jardinero y su mujer encontraron los cadáveres, junto con la siguiente nota:
“Sano de cuerpo y espíritu, me doy la muerte antes de que la implacable vejez, que me ha quitado uno detrás de otro los placeres y goces de la existencia, y me ha despojado de mis fuerzas físicas e intelectuales, paralice mi energía y acabe con mi voluntad convirtiéndome en una carga para mí mismo y para los demás. Desde hace años me he prometido no sobrepasar los setenta años; he fijado la época del año para mi marcha de esta vida, preparado el modo de ejecutar mi decisión: una inyección hipodérmica de ácido cianhídrico. Muero con la suprema alegría de tener la certeza de que muy pronto triunfará la causa a la que me he entregado desde hace cuarenta y cinco años.”
No tomo por sorpresa la noticia a sus camaradas. Durante la semana habían sido visitados para anunciar su decisión. Lo esperaban. Conocían de sus temperamentos. Los encontraron abrazados en un ambiente con fuerte olor a cianuro de potasio, dicen que así huelen las almendras amargas.
Quiero imaginar cuanto desearían poetas como Manuel del Cabral, José de Espronceda, Andrés Eloy Blanco o Jorge Manrique, poder interiorizar en el alma de nuestros personajes, percibir en su totalidad la intensidad del tiempo transcurrido entre la ingesta de la pócima y el nano segundo en que pierden la consciencia; y plasmar ese mundo en disolución, en metáforas elocuentes y poder entender tan sublime momentos…

Soublette: “Lo peligroso sería que el Presidente se burlara de los ciudadanos”



Los gobiernos del general Carlos Soublette (1837-1839 y 1843-1847) se distinguen por la búsqueda de la conciliación en el sector militarista como formula fundamental para logar la estabilidad política. No fueron pocos los alzamientos e insurrecciones que protagonizaron quienes se consideraban dueños de la naciente república por el solo hecho de portar uniforme o haber combatido en alguna de las batallas que se registraron durante la Guerra de Independencia.

Pero esta conducta no es calculada. Es parte del espíritu reflexivo del general Soublette. Y para ratificar la afirmación, vamos a reportar una anécdota que registra José Antonio Calcaño en su obra “la ciudad y su música”. Sucede que por los lados de la esquina de Colon, vivía un tal Francisco Robreño, quien se desempeña como Director de una academia de baile desde 1837, además de dársela de escritor y actor, desempeñando papeles en una compañía que actuaba en el Coliseo.

Al personaje in comento, no se le ocurre otra genial idea que burlarse del general Presidente de la República. Al enterarse Soublette, hace llamar a su presencia al lanzado escritor para decirle algo como esto: “he leído su pieza y no tiene nada de particular. Creo amigo Robreño que no ocasiona ningún perjuicio el hecho de que un ciudadano cualquiera se gaste algunas burlas a costa del Presidente de la República. Lo peligroso sería que el Presidente se burlara de los ciudadanos”.

Carlos Soublette fue masón en grado 33, fallece el 11 de febrero de 1870 y desde el 7 de febrero de 1970 sus restos reposan en el Panteón Nacional.