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lunes, 10 de enero de 2011

Formación para la crisis

Luis Zambrano

Aquel que cree en mi… de su vientre fluirán ríos de agua viva” (Juan 7:38) La fuerza creadora del ser humano son los ríos que se encuentran dentro de cada quien y frente a las dificultades se empina con inteligencia y decisión de hacer, que son las herramientas fundamentales a la hora de enfrentar la incertidumbre e incluso las crisis.

La Biblia puede leerse con espíritu religioso o investigativo. Pero lo que siempre se coloca de bulto es el contenido pleno de sabiduría. Por ello, podemos interpretar la parábola sobre los “ríos de agua viva” como el ímpetu que mana del ser humano, el cual en tiempos de desesperanza como los que se cierne sobre el país, con inteligencia, sabrá enfrentar exitosamente las dificultades.

Venezuela es un país de contrastes. Quizás cuando visite su odontólogo, éste podrá decirle que a finales de la década de los 80 del siglo pasado un par de venezolanos, Ubaldo Peña Uzcategui, instructor del INCE, en compañía del ingeniero Ramón Armando Caballero, desarrollaron un equipo pulverizador de metales, mediante el cual se produce la materia prima para fabricar la amalgama dental. Tras cuatro años de investigación, crearon esta innovación auténticamente venezolana, porque hasta los equipos de atomización y disgregación, para conseguir la materia prima de las amalgamas, fueron construidos por ellos.

Lograron una aleación de plata, cobre y estaño superior en resistencia mecánica a la corrosión, a la contaminación por humedad y tiene una excelente adaptación durante la obturación y después de ella. No debemos dejar de reconocer que Ubaldo Peña es Técnico Mecánico egresado de la Escuela Industrial de Cabimas, estado Zulia y para el momento, año de 1986, tenia diez años desempeñándose como instructor del INCE en el centro de Metalmecánica del 23 de Enero, en Caracas. Tenemos un recurso humano capaz de alcanzar logros.

En 1991 se presentó un arrancador de yuca. Efraín Blanco Hernández era un perito en máquinas-herramientas quien había trabajado en el Taller de Mecánica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela. Blanco Hernández desarrolló una opción al problema que enfrentan los campesinos cada vez que recogen la cosecha de yuca, facilitando la misma, toda vez que las raíces son muy duras de arrancar para algunos trabajadores del campo, especialmente las mujeres.

Estos ejemplos de ingenio venezolano han sido galardonados con el Premio Luis Zambrano a la Inventiva Tecnológica creado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT) el año 1984. El mismo tiene como objetivo “respaldar, propiciar y reconocer los aportes tecnológicos e invenciones realizados por técnicos e inventores por cuenta propia que contribuyan a la solución de problemas técnicos aplicables a la industria y a la resolución de problemas prácticos”.

El Luis Zambrano que el estado venezolano reconoce instituyendo un premio con su nombre fue un humilde campesino quien vivía en Bailadores, estado Mérida, dedicándose al diseño y fabricación de las más variadas piezas mecánicas, eléctricas y de combustión, a base de cálculos empíricos.

Don Luís Zambrano Molina (n. 01-05-1901 / m. 15-08-1990), con tan solo 4to. grado fue merecedor de un doctorado Honoris Causa de la Universidad de Los Andes (noviembre de 1984) como reconocimiento a su sabiduría popular y a su natural empeño por buscar solución a los problemas cotidianos. Era la primera vez que una Universidad le confería un doctorado a un campesino de manos encallecidas.

En 1993 el premio se le adjudicó a José Baudilio Belandria, un hombre también de Bailadores, quien dedicó más de cinco décadas a la metalurgia artesanal fabricando herramientas, turbinas, piezas de automotores e incluso escopetas.

Otra expresión de reconocimiento público a la inventiva es el Eureka: Salón Nacional de Inventos. En 1990 la Asociación Civil Vértice organizó en la Zona Rental de la Plaza Venezuela el primer salón nacional de inventos. Allí presentaron sus concepciones instituciones como el Instituto de Biomedicina de la UCV, PDVSA, entre otros. Pero también existió un espacio destinado para aquellos innovadores populares que no cuentan con mayores recursos sino con su ingenio. En la oportunidad se exhibieron las creaciones de Juan Vezga, residenciado en el Paúl, estado Bolívar, que presentó una original bomba de agua; Alejandro Garcia, de Caracas, creador de un sistema de seguridad para edificios y casas; hubo un salero especial presentado por Juan Di Batista; un contador optoelectrónico de personas de José Gregorio Pérez Briceño y un soldador portátil de José Francisco Galíndez.

Simón Bolívar tenía presente que la grandeza de la patria estaba en fomentar la educación y especialmente en artes y oficios. Por ello dejó disposiciones en la materia. Tenía la visión futurista de que la Venezuela del porvenir contaría con una inmensa cantidad de creadores anónimos, inventores de garaje, forjadores de sueños que se materializan tras la ardua labor en productos útiles a la sociedad, es un testimonio fehaciente de la capacidad e inteligencia del venezolano frente a las dificultades de buscar los “ríos de agua viva”.

* Durante el primer gobierno del Dr. Rafael Caldera se desmontó el sistema de escuelas técnicas. El mismo fue restituido parcialmente por gobiernos posteriores.

* Simón Bolívar decretó el 21 de mayo de 1820 en el Rosario de Cúcuta, la creación de Juntas Provinciales de Agricultura y Comercio.

* El Libertador decretó en Chuquisaca, el 11 de diciembre de 1825, el fomento general de la enseñanza.

* El 31 de enero de 1825, Simón Bolívar dicta desde Lima un Decreto sobre la instalación de escuelas normales por el sistema lancasteriano.

* En Bogotá, el 22 de diciembre de 1827, Bolívar decretó disposiciones sobre aprendizaje de oficios.

martes, 28 de diciembre de 2010

La Septembrina o La Gloriosa: conceptos y una anécdota.

Gobierno Provisional, 1869. Figuerola, Sagasta, Ruiz Zorrilla, Prim, Serrano, Topete, López Ayala, Romero Ortiz y Lorenzana (foto de J. Laurent).

Andalucía y específicamente Cádiz, fue el escenario de la segunda revuelta, en septiembre de 1868, a favor de poner en vigencia un orden constitucional liberal en España. El 19 de marzo de 1812 las Cortes, reunidas en Cádiz promulgan la primera constitución española a despecho de Fernando VI.

El segundo evento es la sublevación del mariscal de campo Rafael del Riego en 1819. Este militar procedente de una familia noble se incorporó rápidamente a la lucha por la Independencia de España, 1808, frente al usurpador Napoleón. Es capturado y deportado a Francia donde se compenetra con ideas liberales y se incorpora a la masonería. El primero de enero de 1820 se alza con el batallón asturiano que formaba parte de un ejército destinado a combatir la sublevación de Bolívar y otros líderes independentistas en Hispanoamérica. Se hace del control del ejército expedicionario y en vez de cruzar el Atlántico, intenta levantar a las poblaciones andaluzas con la consigna: «Es de precisión para que España se salve que el rey Nuestro Señor jure la Ley constitucional de 1812, afirmación legítima y civil de los derechos y deberes de los españoles. ¡Viva la Constitución!», hasta que finalmente logra, con el apoyo de otros sublevados en Galicia y otras regiones, que el rey El día 10 de marzo, publicase el Manifiesto del rey a la Nación española en el que muestra su apoyo a dicha constitución: «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional». Hispanoamérica no ha sido consecuente con la memoria de Riego.


La reina Isabel II de España en su exilio de París.

Un tercer episodio es el que nos ocupa: el de la Revolución de 1868. Europa vive los embates de la revolución liberal. Francia, ya en 1830, había hecho jurar una constitución y entronizado una nueva monarquía con Luis Felipe, que se declaró no rey de Francia, sino rey de los franceses. En este simple giro lingüístico hay una fuerte connotación ideológica ya que se incorpora la figura humana como tal, la del ciudadano, al concepto del poder del estado. La Primavera de los Pueblos en 1848 había sacudido las bases de la monarquía a lo largo y ancho de Europa, poniendo en jaque el sistema Metternich, consolidado en el Congreso de Viena en 1814, con la misión de restaurar el absolutismo tras la contaminación que significó la expansión de las ideas liberales con las guerras napoleónicas tras la Revolución Francesa.

España, aunque aparecía ajena a la revuelta liberal europea iniciada en el primer tercio del siglo XIX, no dejaba de tener su procesión por dentro. La crisis desatada por la pérdida de la guerra con las ya ex-colonias Hispanoamericanas, los reiterados intentos de poner en vigencia la Constitución de 1812 y una crisis política recurrente cuya característica principal era una permanente anarquía, incluso dentro de los grupos en pugnas, llevan a un sector de la dirigencia a pronunciarse desde Cádiz en septiembre de 1868.

El manifiesto tiene conceptos de gran interés. Sin evaluar la sinceridad de los protagonistas y su compromiso con las ideas expresadas en dicho documento, indiscutiblemente, el hecho de que se enarbolase las banderas allí puestas de bulto, significan que eran caras para la sociedad española o, al menos, para una buena parte de su clase dirigente.

El 19 de septiembre de 1819 se pronuncian con un manifiesto que entre otros postulados “niega su obediencia al gobierno que reside en Madrid, segura de que es leal intérprete de los ciudadanos. El concepto de ciudadanía era un tema caro para los liberales españoles quienes habían logrado en la Constitución de 1812 avances importantes, incluso, otorgándoles a los mulatos americanos derechos civiles idénticos a los de los peninsulares, aunque no derechos políticos.

Otro punto importante es la denuncia de corrupción que amenaza la hacienda pública y pervierte el sufragio. Más allá de las consideraciones en torno a la forma del sufragio, la denuncia tiene que ver con la socialización del voto como instrumento de acción política y la importancia de mantenerlo ajeno de corruptelas.

Muerto el Municipio”, cara denuncia para una sociedad que mantiene la institución municipal como tesoro histórico de la independencia frente a fuerzas extranjeras y como baluarte de la autonomía de la ciudadanía en competencias específica frente al poder real.


Prim, Serrano, Topete: Subastan la Corona, La Flaca (1869)

Esta revolución corrió con la suerte que esta signada la España del siglo XIX y que fue característica hasta bien entrado en siglo XX. La falta de acuerdos y cuando se logran, la falla en su cumplimiento, hacen que la revolución de tumbos aunque logran algunos eventos que son hitos en la historia. Isabel II tiene que exiliarse en Francia, se inicia el sexenio democrático, el intento de coronar al príncipe Leopoldo de Hohenzollen, generó conflictos internacionales importantes y finalmente se decidieron por el italiano Amadeo Fernando María de Saboya, siendo el primer rey español designado por el parlamento, no sin una votación que es el retrato de la situación de diferencias existente. El 16 de noviembre de 1870 votaron los diputados: 191 a favor de Amadeo de Saboya, que aunque aparezca como un triunfo del absolutismo, en nada se sentían triunfantes ya que se sometían no solo a la designación sino al control de las Cortes o parlamento; 60 por la República federal, 27 por el duque de Montpensier, 8 por el anciano general Espartero, 2 por la República unitaria, 2 por Alfonso de Borbón, 1 por una República indefinida y 1 por la duquesa de Montpensier, la infanta María Luisa Fernanda, hermana de Isabel II; hubo 19 papeletas en blanco. De este modo el presidente de las Cortes, Manuel Ruiz Zorrilla, declaró: «Queda elegido Rey de los españoles el señor duque de Aosta».

Dos acotaciones. Fíjense la cantidad de variantes que presentaron la alternativa republicana; la segunda, la definición de “Rey de los españoles” y no rey de España.

El pronunciamiento 19 de septiembre de 1868 lo suscriben Juan Prim, Domingo Dulce, Francisco Serrano, Ramón Nouvillas, Rafael Primo de Rivera, Antonio Caballero de Rodas y Juan Topete.

Juan Prim y Prats

Juan Prim, uno de los principales de esta revolución conocida como La Gloriosa o La Septembrina, es hijo de Pablo Prim quien tuvo participación, al igual que Riego, en la Guerra de Independencia española iniciada en 1808. El joven Juan Prim no provenía de la nobleza, así que al estallas la Primera Guerra Carlista, se enroló en el batallón isabelino de Cataluña. Sin preparación militar pero con intrepidez y valor, escala rápidamente en la milicia. A los 26 años de edad había participado en 35 combates y obtenido todos los grados en el campo de batalla.

Prim se incorpora a la política del lado de los progresistas dirigidos por Calatrava y Mendizábal. Electo diputado en 1841, Capitán General de Puerto Rico en 1847, en 1853 participó como observador español en la Guerra De Crimea en el lado del frente turco. Tras estas experiencias, Prim esta en Marruecos defendiendo las plazas españolas de Ceuta y Melilla; en México participó en la expedición española que intentaba, junto con otras potencias europeas, cobrarle deudas del estado mexicano al gobierno de Benito Juárez. Prim se opuso a la intención de Napoleón III de convertir a México en Imperio con el Archiduque Maximiliano como Emperador, idea que apoyaba el gobierno español, no así la reina Isabel II. Retira las tropas españolas de México salvando a España de participar en la finalmente fallida operación.

Este personaje, tras participar en varias escaramuzas políticas y rebeliones, finalmente lidera junto con otros, la triunfante Revolución de 1868.

Tras el triunfo de La Gloriosa, en medio de las intrigas y forcejeos propios de la búsqueda de un rey para los españoles, Prim propone concederle la independencia a Cuba si así lo decidía el pueblo cubano en referéndum, una amnistía para los patriotas cubanos, y una compensación a España garantizada por Estados Unidos. De su lado, otros sectores ofrecieron vender a Cuba a los norteamericanos, lo que contó con la firme oposición de Prim afirmando que “la isla de Cuba no se vende, porque su venta sería la deshonra de España, y a España se la vence, pero no se la deshonra”.

El general Juan Prim y Prats, de 56 años, presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra, capitán general de los Ejércitos, marqués de los Castillejos y conde de Reus, dirigiéndose desde el Parlamento hacia la sede del Ministerio de Guerra sufre un atentado que le quitó la vida.

Tres notas finales. Juan Prim, a pesar de la altísima investidura, no contaba con escolta extraordinaria, lo que facilitó el atentado. Segunda, siendo un hombre que no tenia origen noble, alcanzó grados de aristocracia que heredaron sus hijos: Juan Prim y Agüero (1858-1930), militar que llegó al grado de general de brigada, y que adquiriría de su padre el marquesado de los Castillejos, convertido en Ducado por Amadeo I en conmemoración por los servicios prestados por el general Prim; e Isabel Prim y Agüero (1862-1927), que obtendría el título de Duquesa de Prim, creado por Amadeo I para la viuda del general, estableciendo que quien lo heredase sería su hija, estuvo casada con Fernando de Heredia.

Tercero, una anécdota: tras el triunfo de la Revolución de Septiembre de 1868, se le acusa de haber asociado a mucha gente de dudosa reputación. Cuando escucha los antedichos cuchicheos, afirma con vehemencia:

- “¿Con quién había yo de hacer la revolución? ¿Con canónigos?



lunes, 18 de enero de 2010

Escapo envenenándose

Mientras Alejandro Magno avanzaba en sus conquistas por tierras asiáticas, en la retaguardia, en Grecia, prosperaba la desobediencia y echaban raíces los gérmenes de la sedición.

Muchos atenienses no consideraban griegos a los macedonios. Los trataban como bárbaros, o sea, que no eran griegos. Los espartanos jamás fueron miembros de la Confederación Fundada por Filipo y sostenida por su hijo Alejandro.

Mientras más se adentraba Alejandro en Persia, más se conspiraba. Demóstenes agitaba a los ciudadanos atenienses y la insurrección crecía por toda Grecia. Finalmente organizaron un ejército que enfrento al de Antípatro, el jefe delegado al mando de Macedonia. Las tropas helenas sufrieron un revés definitivo y los jefes de la insurrección fueron capturados y ejecutados. Demóstenes pudo escapar de la furia de sus enemigos envenenándose.


martes, 30 de junio de 2009

Emeterio Ureña, realista de política tolerante

Natural de Medina de Río Seco, pueblo de la provincia de Valladolid, de la comunidad de Castilla-León, se desempeña como oficial del Ejército español activo en Venezuela durante la Guerra de la Independencia. Gobernador de la provincia de Cumaná entre agosto de 1812 y comienzos de 1813. Tras comenzar su carrera como cadete en su país natal, ya para 1798 era capitán. Sirvió en la isla de Santo Domingo, donde contrajo nupcias con una dama de esa colonia. Combatió contra los franceses invasores de su patria, hallándose en la batalla de Bailén (1808). Ascendido a teniente coronel, fue nombrado en octubre de 1809 comandante militar de La Guaira, cargo que asumió en febrero de 1810. A raíz del triunfo del movimiento del 19 de abril de ese mismo año fue arrestado y sustituido en la Comandancia por el militar venezolano Juan de Escalona. Asimismo, al negarse a acatar a las nuevas autoridades, fue expulsado a Puerto Rico, junto con su esposa e hijos. De allí pasó a Coro, donde se incorporó a la lucha en favor de la causa realista.
Después de la caída de la Primera República a mediados de 1812, las autoridades republicanas de Cumaná decidieron someterse al mando del jefe realista vencedor, Domingo de Monteverde y enviaron ante éste a unos comisionados que solicitaron el envío de un gobernador. Monteverde nombró a Ureña para aquel cargo el 31 de agosto de 1812. Hacia comienzos de octubre de ese mismo año, fue jurada la Constitución de Cádiz en Cumaná. Descontento Monteverde por la política tolerante que seguía Ureña, le escribió el 30 de octubre ordenándole poner presos a los que habían participado en el movimiento revolucionario de 1810-1812, comenzando por Manuel Villapol. No obstante, Ureña se negó a cumplir esta orden y así se lo manifestó a Monteverde el 17 de noviembre, apelando al mismo tiempo ante la Real Audiencia (establecida entonces en Valencia o Puerto Cabello) para que se cumpliese lo ofrecido a los revolucionarios que se habían rendido de buena fe. Aunque la Audiencia aprobó más tarde el proceder de Ureña, Monteverde había enviado a Cumaná, con poderes especiales, al teniente Francisco Javier Cervériz, quien, pasando por encima de la autoridad del gobernador, se puso de acuerdo con los realistas más radicales de la ciudad, y la misma noche de su llegada, el 15 de diciembre de 1812, arrestó en el cuartel a 20 personas que luego fueron enviadas a La Guaira con grillos. El gobernador Ureña protestó, pero las persecuciones siguieron a pesar suyo y a comienzos de 1813 Monteverde lo destituyó y nombró en su lugar al coronel Eusebio Antoñanzas, quien junto con Cervériz, continuó la severa represión contra los patriotas venezolanos. Ureña quedó marginado y fue acusado por Monteverde ante las autoridades de España.
El 3 de mayo de 1815, Fernando VII dispuso que las autoridades de Caracas averiguasen el origen de las desavenencias entre Monteverde y Ureña, y que si éste resultare inocente, se le repusiera en la Comandancia de La Guaira. Así se hizo el 27 de noviembre de 1816. Además de esas funciones, se le encomendaron también las de teniente de rey interino, es decir, sustituto o suplente, en caso necesario, del capitán general. A fines de 1817 fue condecorado por el Rey con la cruz de la orden de San Hermenegildo. A mediados de agosto de 1819 continuaba desempeñando en La Guaira y Caracas aquellos cargos militares. Se ha escrito que en 1817 fue nombrado gobernador militar y político de la provincia de Antioquia, en la Nueva Granada; si fue así, probablemente no llegó a posesionarse de ese cargo.
Este español que nace en 1760, desnace en 1819, cumpliendo un transito distinguido por la dignidad.
Imagen: Castillo de Cumaná
Referencia: Fundación Polar. Diccionario de Historia de Venezuela.

viernes, 26 de junio de 2009

Antonio de Mata Guzmán, abuelo de Guzmán Blanco

Nace en 1769 en Jaen, España, llega a Venezuela con el gobernador y capitán general Manuel Guevara Vasconcelo en 1799. Al ocurrir los sucesos del 19 de abril de 1810, ostentaba el grado de Capitán del batallón de Infantería de la Reina, de guarnición en Caracas. Se somete a las órdenes de la Junta establecida ese día, pero pronto participa en la conspiración realista acaudillada por Francisco, Manuel y José González. Fracasada, fueron hechos presos. En la cárcel, Guzmán contrae matrimonio con la caraqueña Josefa Agueda García el 4 de diciembre de 1810.Con ella ya tenía dos hijos, Antonio Leocadio y Juana de Mata.
Estando preso en el castillo de Puerto Cabello en 1812, participa a favor de la sublevación prorrealista en contra del coronel Simón Bolívar y tras el triunfo es nombrado segundo comandante de Puerto Cabello.
En 1815 es ascendido a teniente coronel por Pablo Morillo y en 1816, tras haber enviudado, contrae matrimonio con Juana Josefa Mirabal, quien le da tres hijos, Fernanda, Encarnación y Jesús María. Entre 1815 y 1820 se encuentra en la guarnición de Caracas y entre enero y junio de 1821 es teniente del Rey, o sea, segundo jefe de la Gobernación y Capitanía General de Venezuela. Ejerciendo ese cargo enfrenta el asedio que planta sobre Caracas José Francisco Bermúdez como parte de los planes del Libertador para distraer tropas realistas y evitar su concentración en Carabobo.
Tras el triunfo patriota, se dirige a Puerto Rico, lugar donde fallece el 15 de setiembre de 1828.
Desde 1810 firmaba “Don Antonio de Guzmán”, sin de Mata. Fue padre de Antonio Leocadio Guzmán, publicista fundador del diario El Venezolano y del Partido Liberal precursor de la Guerra Federal venezolana, y abuelo de Antonio Guzmán Blanco, jefe destacado del Movimiento Federal y Presidente de Venezuela por varios períodos y uno de los personajes más estudiado de nuestro convulsionado siglo XIX.
Imagen: Guzman Blanco y Antonio Leocadio Guzmán.
Bibliografía: Fundación Polar. Diccionario de Historia de Venezuela.

lunes, 15 de junio de 2009

Despojo de la inmunidad parlamentaria a un Senador por el estado Trujillo


El Dr. Diego Bautista Urbaneja, a la sazón Ministro de Relaciones Interiores, acusó ante la Cámara del Senado al Dr. Eusebio Baptista, Senador por el Estado Trujillo, de falta de respeto al General Antonio Guzmán Blanco, Presidente de Venezuela, en cuyo nombre denunciaba el hecho para la reparación debida. Baptista, hombre de carácter integérrimo y de limpias ejecutorias, era enemigo de Guzmán Blanco; en Congresos anteriores había censurado algunos contratos hechos durante su administración, por lo cual el Autócrata le tomó cierta Ojeriza. Las crónicas de la época se refieren a lo acaecido. Se hallaba Guzmán Blanco en la esquina de San Francisco, entre partidarios y servidores, cuando acertó a pasar por allí el doctor Baptista. Al avistarse mediaron palabras descompuestas; y como al regresar Baptista de la Imprenta Bolívar, situada entonces en la esquina de Sociedad, encontrábase el Primer Magistrado en el mismo punto, se renovó el enojoso incidente. Cuando Guzmán Blanco notó que Baptista bajaba de la acera, le dijo con voz enfática:
Ese necio quiere alucinar al Congreso con sofismas... sí... quiero que me oiga. Al oír estas palabras, el Senador por Trujillo se detuvo y quedose mirando con fijeza al Presidente, quien se abalanzó hacia él para preguntarle en tono iracundo:
-¿Qué hace Ud. allí?
-Estoy en la calle, Señor. No es permitido estar en la calle?
-Sí, pero eso es una provocación.
-No, señor; estaba oyéndolo a usted.
-Usted ha debido seguir su camino; me ha faltado el respeto y debe ir preso.
Hubo intervención conciliatoria de algunos individuos cuando Guzmán Blanco dio la orden a un Oficial para que condujese a la cárcel al doctor Baptista, quien quedó momentáneamente en libertad; pero después de la denuncia del Ministro de Relaciones Interiores, la Cámara dispuso que se le expulsase de su seno para instaurar el proceso y someterlo a juicio, como se le sometió en efecto.
Años más tarde, la misma Cámara levantó la sanción de su Acuerdo del 5 de abril de 1881, en virtud del cual había despojado al Senador por Trujillo de su inmunidad parlamentaria y de los derechos que por ejercicio del cargo le correspondían y declaraba ahora "que el doctor Baptista por su entereza republicana merecía bien de la patria".
Imagen: Dr. Diego Bautista Urbaneja con Guzmán Blanco.
Bibliografía. Carreño, Eduardo. Vida anecdótica de venezolanos. Editorial Crisol. Caracas 1948
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domingo, 8 de marzo de 2009

Rafael María Baralt: escritor, periodista, historiador, filólogo, crítico y poeta venezolano




Estudiante de la célebre Universidad de Bogotá, en el devenir del tiempo se realiza como escritor, periodista, historiador, filólogo, crítico y poeta. Se incorpora a la actividad política que en ese tiempo se ligaba a la militar (¿coincidencias con la época presente?). La República Dominicana lo designa como ministro plenipotenciario para pactar con España el tratado de reconocimiento de la nueva nación.
Este personaje, escritor e historiador, es hijo de Miguel Baralt y de la dominicana Ana Francisca Pérez. Como Fermín Toro y Juan Vicente González, Baralt nace sobre la fecha de la independencia, crece mientras se lleva a cabo la guerra e irrumpe en la vida pública y cultural del país cuando se ha disuelto la Gran Colombia.
Pero el escritor zuliano se incorpora a los hechos de otra manera: pertenece al ejército patriota siendo un adolescente y es testigo de la batalla naval del lago de Maracaibo (24.7.1823). Ello ocurre apenas vuelve de la isla de Santo Domingo de donde era oriunda su madre y adonde su familia lo había trasladado cuando era niño. Posteriormente, pasa a Bogotá (1826) a proseguir estudios, graduándose allí de bachiller y, de regreso a Maracaibo (1828), sigue en la milicia, compartiendo el cuartel con la lectura de los clásicos españoles. Oficial único de la Administración de Correos del departamento del Zulia, sirve como oficial del Estado Mayor y secretario del general Santiago Mariño en la Campaña de Occidente (comienzos de 1830). Por entonces realiza su primer trabajo de historiador: la ordenación de los documentos de campaña de Santiago Mariño.
Se introduce en las tensiones políticas de la región, uniéndose a quienes desean separar a Maracaibo de la Gran Colombia. Su traslado a Caracas, ya en la época del ciclo paecista, significa por una parte, la continuación de su carrera militar, la obtención del título de agrimensor y, por otra, la incorporación a la vida intelectual y cultural de la capital.
Baralt se asocia a las grandes personalidades del momento, participa en las actividades de la Sociedad Económica de Amigos del País y da a conocer en la prensa las prosas y artículos costumbristas que le aseguran rápidamente el prestigio de escritor y estilista.
Interviene al lado del gobierno de José María Vargas en la Revolución de las Reformas (1835) y hacia 1837, por iniciativa propia, comienza a investigar y acopiar los materiales que lo convertirán en historiador. Este empeño personal coincide con un interés colectivo: un proyecto intelectual de envergadura como es el que supone editar el Resumen de la geografía de Venezuela y el Atlas que prepara Agustín Codazzi. Como ha podido comprobarse fidedignamente, tanto en el estilo como en la conceptualización, la presencia de Baralt en este proyecto fue más que la de un simple colaborador. Así nace, con la participación de Ramón Díaz Martínez, el Resumen de la historia de Venezuela en 3 volúmenes, publicado en 1841 en París, adonde había viajado Baralt, comisionado por Codazzi, para ayudar a la elaboración y edición de los trabajos emprendidos.
De regreso de su misión editorial en París (agosto 1841) y siempre en calidad de experto, se le encomienda estudiar el problema de los límites venezolanos con la Guayana Inglesa, tema en el que ya Baralt estaba trabajando. Con tal fin viaja nuevamente a Europa, esta vez de manera definitiva (13.9.1841). Tiene 31 años. A las órdenes del ministro plenipotenciario Alejo Fortique, va a Londres y por último se radica en España.
De los archivos de Sevilla, viaja a Madrid (1845). Este desarraigo supone para Baralt el cumplimiento de su destino intelectual y literario. Hacia 1843-1844 escribe su oda Adiós a la patria y otros poemas. Se suma a los círculos literarios de España, hace abundante periodismo y se asimila a la vida política de ese país. El libro Poesías (1848), así como la recopilación de sus prosas políticas dispersas, comienzan a cuajar en una serie de volúmenes: Programas políticos, Historia de las cortes, Lo pasado y lo presente, Libertad de imprenta (1849), contando con la colaboración de Nemesio Fernández Cuesta. Sin embargo, como prosista reputado y autoridad en el estilo, del interés de Baralt no podía estar ausente el estudio y el conocimiento de la lengua española. En este campo, su labor lexicográfica se hizo famosa; a ella pertenecen el ambicioso prospecto de un Diccionario matriz de la lengua castellana (1850) y el Diccionario de galicismos (1855).
La verdadera apoteosis del autor ocurre el 15 de septiembre de 1853 cuando la Real Academia Española lo elige para ocupar el sillón vacante de Juan Francisco Donoso Cortés. En su discurso de incorporación, el escritor venezolano, tras hacer un examen de las ideas políticas de su antecesor, expone su doctrina de catolicismo liberal. El prestigio lo lleva a desempeñar cargos públicos importantes: la dirección del vocero oficial Gaceta de Madrid y la administración de la Imprenta Nacional (1854).
La República Dominicana, país en el que había pasado su infancia, lo designa como ministro plenipotenciario para pactar con España el tratado de reconocimiento de la nueva nación. Por circunstancias políticas, es violada su correspondencia oficial cuando se discute la interpretación del tratado. España lo desconoce como embajador, lo priva de sus cargos públicos y lo enjuicia (1857). Aunque es absuelto y reivindicado públicamente, su salud queda quebrantada y muere en Madrid a los 49 años. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 23 de noviembre de 1982.
ADIOS A LA PATRIA
(Estrofas)
Tierra del sol amada
Donde inundado de tu luz fecunda
En hora malhadada
Y con la faz airada
Me vio el lago nacer que te circunda.
No te duela mi suerte,
No maldigas mi nombre, no me olvides
Que, aun vecino a la muerte,
Pediré con voz fuerte
Victoria a Dios para tus justas lides
Dichoso yo si un día
A ti me vuelve compasivo el cielo,
I me da, patria mía
Digno sepulcro en tu sagrado suelo
Maracaibo (Edo. Zulia) 3.7.1810 - Madrid, 4.1.1860

José María Vargas: “El mundo es del hombre justo y honrado.”

Prócer civil, albacea del Libertador Simón Bolívar, es símbolo de la preeminencia del poder civil sobre el autoritarismo militar en los albores de la república. Médico de profesión, fue rector de la Universidad de Caracas electo por el Claustro universitario y Presidente de la República de Venezuela, en momentos en que se imponía la figura militar de los héroes de la Independencia.
Nació en La Guaira el 10 de marzo de 1786. Fue considerado como un hombre de avanzado pensamiento cívico para su época. Tenía una vasta formación científica humanística. A los 16 años ingresó al Seminario Tridentino de Caracas, donde estudia cuatro años y obtiene el grado de Bachiller en Filosofía (1803).
Tres años más tarde es Maestro de Artes y en 1808, apenas se gradúa de doctor en Medicina, para ejercer en Cumaná su profesión. En esta tierra oriental le sorprende el 19 de abril de 1810, día de la independencia de Venezuela y a la caída de la Primera República, Vargas es sometido a prisión en los calabozos de La Guaira, puesto que en 1812 se había regresado a su tierra natal.
En 1813 al llegar Bolívar a Caracas, fue liberado. Vargas se traslada a Europa, donde perfecciona sus conocimientos en Medicina, Astronomía, Física, Cánones, Lenguas vivas y muertas, además de mostrar interés en otras áreas como la Oftalmología, Anatomía, Patología, Tocología, Mineralogía, Botánica y Química.
De Europa pasa a Puerto Rico, donde permanece hasta 1825 cuando decide regresar nuevamente a Venezuela. Al año siguiente, funda la Cátedra de Anatomía en la Universidad de Caracas dando clases gratuitamente.
Presentado como candidato a la presidencia de la República de Venezuela, repetidas veces renuncia, pero sus amigos insisten en inscribirlo logrando obtener la mayoría de votos en las elecciones. El 9 de febrero de 1835 presta juramento como Presidente de Venezuela, en abril renuncia y en julio, de ese mismo año, estalla la Revolución de las Reformas, cuando la insolencia de Carujo se impuso ante la razón y la justicia.
Vargas es expulsado del país, pero Páez lo repone en el mando. Sin embargo, fue por poco tiempo, ya que el 14 de abril renuncia definitivamente. Se retiró de sus quehaceres vocacionales: la ciencia y la educación y en 1842 preside los actos del traslado de los restos del Libertador desde Santa Marta a Caracas.
El derrocamiento del Presidente Vargas
“Una compañía al mando del Capitán Julián Castro se formó a la puerta de la casa de Vargas, con orden de no dejar entrar ni salir a nadie sin permiso de los revolucionarios. En las primeras horas de la mañana va a conferenciar con el cautivo Presidente el nuevo General Carujo. Es clásica en las tradiciones venezolanas la entrevista de este rebelde de oficio y el austero Presidente que se veía ahora secuestrado por la soldadesca.
Empeñase Carujo en demostrarle que el único medio de evitar la guerra civil es renunciar a la Presidencia, alegando que el Gobierno estaba de hecho vencido, que los hechos son la fuente del derecho y la revolución el origen de todo gobierno, y que el hecho del 8 de julio iba a ser el derecho del día siguiente. Vargas opone a la brutal franqueza del soldado la calma entera del filósofo, y le contesta que el poder que está ejerciendo no es renunciable sino ante el Congreso, ni reconocerá nunca el Presidente de la República la autoridad de una revolución a mano armada.
¡Señor Doctor! – grita Carujo- “El mundo es de lo valientes”.
¡Señor Carujo! – replica Vargas- “El mundo es del hombre justo y honrado.”
Al producirse el cuartelazo, el presidente Vargas nombró a Páez Jefe del Ejército frente a los alzados que a su vez habían designado a Mariño como Jefe Superior de la revolución. Páez que se encontraba en uno de sus hatos en el Guárico, movilizó sus tropas hacia Caracas (los caudillos militares tenían sus propias fuerzas, formadas a menudo por los peones de sus hatos y haciendas), y se pronunció en favor del presidente José María Vargas.En el camino sumó a sus fuerzas las de algunos jefes alzados en el centro y entró a la ciudad evacuada poco antes por los revolucionarios. Páez declaró restablecido el gobierno legítimo y, mientras regresaba del exilio el doctor Vargas puso al frente del gobierno al General José María Carreño en su carácter de presidente del Consejo de Gobierno. Luego optó por negociar con los alzados a los cuales, como en 1831, ofreció indultos y les garantizó sus grados militares y propiedades a cambio de que se sometieran al gobierno y reconocieran su autoridad.

En agosto del mismo año el doctor Vargas regresó al país y reasumió la presidencia hasta marzo de 1836, fecha en la cual renunció y se separó definitivamente del gobierno, dejando encargado al Vicepresidente Andrés Narvarte. Cuando terminó el periodo de éste, en enero de 1837, se encargo de la presidencia, una vez más, el General Carreño hasta el 20 de mayo, cuando habiendo sido electo Vicepresidente el General Carlos Soublette, asumió la presidencia y la ejerció como encargado hasta que terminó el período en 1839.
La insurgencia militar contra el presidente Vargas constituyó el hecho decisivo en este accidentado período constitucional. La lucha entre los caudillos militares se había impuesto y fracasaba el efímero ensayo de gobierno civil. El propio Vargas poco antes de asumir el gobierno, había denunciado a “los hombres que han creído que, Venezuela es su patrimonio”, refiriéndose a los caudillos militares que negaban a los civiles el derecho a gobernar y se disputaban entre ellos la dirección de la nueva República.No obstante, haber fracasado la revuelta, el presidente Vargas no pudo terminar su período por falta de apoyo de Páez, quien pretendía que el doctor Vargas sirviera a sus fines políticos. El triunfo sobre los alzados no sirvió, pues, para afianzar al presidente constitucional, sino más bien para fortalecer a Páez como caudillo.

Estaba en juego en aquellos momentos la jefatura que Páez venía ejerciendo desde 1826. De haber triunfado la Revolución de las Reformas, Páez habría sido desplazado como caudillo principal por Mariño o Monagas. Esta circunstancia lo determinó a oponerse a los revolucionarios en la certeza de que su éxito lo afianzaría en el mando de la república.El triunfo le permitió, apartar temporalmente a sus rivales militares y al mismo tiempo deshacerse del presidente Vargas cuyo alto cargo pasó a ocupar el General Soublette, precisamente el candidato de Páez derrotado en las elecciones de 1834.
Los enemigos del sabio Vargas no le discutían sus méritos científicos, pero le “echaban en cara” el haber emigrado en 1813 (después del regreso de Bolívar a Caracas) y haberse residenciado en Puerto Rico (1817-1825) después de sus estudios en Edimburgo (1814-1817). Alegaban además que éste dejó en Puerto Rico a su familia y sus bienes, regresando a su patria cuando la paz ya estaba asegurada (1825) para ser nombrado catedrático de la Universidad de Caracas en 1826 y Rector en 1827 (electo por el claustro) después de las reformas realizadas por Bolívar el año 27.
En agosto de 1853, sintiéndose enfermó viajó a Estados Unidos, donde residió primero en Filadelfia y luego en Nueva York donde finalmente murió el 13 de julio del año siguiente. En 1877, sus cenizas fueron traídas a Caracas y sepultadas en el Panteón Nacional el 27 de abril de ese mismo año.
Como un homenaje a su memoria, el Municipio -hoy estado de la República Bolivariana de Venezuela- donde nació se llama Vargas desde 1987. También los médicos celebran su día el 10 de marzo de cada año.

“Juan Pablo Sojo tiene su propio idioma…”



“Juan Pablo Sojo tiene su propio idioma. Su idioma negro, venezolano, mestizo, nacido de poderosas cópulas, de sombríos coitos, durante las cuales el idioma castellano se entregaba, estremecido y femenino, al cuerpo ancestral del negro”. Así define Juan Liscano la pasión de escritor de Juan Pablo Sojo.
Juan Pablo Sojo nace en Curiepe, estado Miranda, el 23 de diciembre de 1907. Hijo del maestro músico Juan Pablo Sojo y de Brígida Rengifo. Fue boticario en Higuerote, Curiepe y Caracas. Desde su natal Curiepe, enviaba artículos al diario El Universal, así como al semanario Fantoches. A raíz de una crítica periodística, Rufino Blanco Fombona, presidente del estado Miranda, ordena encarcelarlo en 1937. Su cuento “Hereque”, su novela Noche buena negra, (novela, 1ª ed. Caracas, 1943); y su obra Temas y apuntes afrovenezolanos, (ensayos, 1ª ed. Caracas, 1943); su pieza teatral El árbol que anda, estrenada en 1945 bajo la dirección de Eduardo Carreño en el Teatro Nacional, 1945, son una muestra de la extensa obra que legó a las generaciones futuras este gran intelectual mirandino. En 1948 acompaña al poeta cubano Nicolás Guillén en su recorrido por Barlovento. De ahí nace el poema “Luna de Barlovento” de Guillén.

Otras obras publicadas por Juan Pablo Sojo: Tierras del estado Miranda, sobre la ruta de los cacahuales (crónicas, 1ª ed. Caracas, 1938); Estudios del folklore venezolano (ensayos, 1ª ed. Los Teques, 1986) y numerosos artículos en periódicos y revistas, los cuales se difundieron en El País, La Esfera, Ahora, El Universal, El Nacional, Revista Nacional de Cultura, El Farol, etc., y en ellos reivindicó los valores culturales de los africanos y sus descendientes en la formación etnohistórica y social de nuestra nación; todo lo antes dicho, a través de una visión desde adentro, tomando en cuenta el modo de ser de los barloventeños y de los otros venezolanos de origen africano. Coautor de “Folklore y cultura. Ensayos” (1950), “El Estado Miranda. Su tierra y sus hombres” (1959), “Antología de cuentistas y pintores venezolanos” (1976), y “La fiesta de la tradición: 1948. Cantos y danzas de Venezuela” (1998).
Conoce a profundidad a africanistas de su época, tales como James George Frazer, Arthur Ramos, Gilberto Freyre, Fernando Ortiz, Maurice Delafosse, Raymundo Nina Rodríguez, etc. Además, cita en muchas ocasiones a los cronistas Juan de Castellanos, José Gumilla, José de Oviedo y Baños, fray Alonso de Zamora y Pedro Joseph de Olavarriaga. Asimismo, a los expedicionarios Alejandro de Humboldt y Francisco Depons. También fueron frecuentes sus múltiples referencias a autores venezolanos contemporáneos: Arístides Rojas, Francisco Tosta García, Lisandro Alvarado, Mariano Picón Salas, Mario Briceño Iragorry, Amílcar Fonseca, Carlos Irazábal, Enrique Bernardo Núñez, Juan Liscano, Francisco Tamayo, Gilberto Antolínez y muchos otros.
Juan Pablo Sojo, además, escribe poesías, cuentos y obras de teatro, todas afianzadas en los numerosos problemas que afectaban a los descendientes de africanos tanto en Barlovento como en toda Venezuela; por lo tanto, observamos que tuvo “…un gran afecto por su tierra y el elemento humano que la habitaba, todavía con vivas manifestaciones del contacto entre lo africano y la naturaleza barloventeña…” (Sojo Cardozo, Juan Pablo, “Introducción”. En: Sojo, Juan Pablo, Estudio del folklore venezolano, p. 9). E igualmente, tenemos que destacar que fue J. P. Sojo quien por primera vez utilizó en la patria de Simón Bolívar el término “afrovenezolano”, con la finalidad de hacer alusión a los componentes étnico-culturales procedentes del continente africano e incrustado firmemente en el país llamado Venezuela.
Sojo fallece en Caracas el 8 de octubre de 1948, dejando trunca lo que prometía ser la más extensa y completa obra sobre la cultura afrovenezolana…

El venezolano Narciso López confecciona la bandera de Cuba



La bandera fue izada en las oficinas de los hermanos Beach, dueños del periódico The Sun, situadas en las calles de Fulton y Nassau, en la ciudad de Nueva York.
En marzo de 1848 en la isla de Cuba se conspiraba contra España. La figura central de la conspiración era el general Narciso López.
Nacido en Venezuela, entró desde muy joven en el ejército español y peleó a favor de la causa realista. Tras la derrota monárquica en la batalla de Carabobo, Narciso López se marcha con ellos a España, donde alcanzó el grado de general.
Regresa a Cuba en 1841, acompañando al capitán general Jerónimo Valdés, al cual le había salvado la vida en la batalla de Las Amezcuas. Es designado gobernador de la provincia de Trinidad, cargo del que fue separado al poco tiempo. López se dedica a actividades industriales de poco éxito.
Su defensa de los cubanos en 1837, cuando sus diputados fueron rechazados por las Cortes españolas; la popularidad alcanzada en su época de gobernador y el estrecho lazo de sangre que lo ataba a la Isla, le dio carta de ciudadanía. Concibió la idea de independizarla y de constituirla en república, dentro del concierto de los pueblos libres de América.
Primeramente, preparó la conspiración de la Mina de la Rosa, que debía iniciar la revolución el 24 de junio de 1848. Pero hubo de aplazarse a solicitud del Club de La Habana, para contar con mayores recursos. El Club le había ofrecido la jefatura del movimiento al general americano William Jenkins Worth, el cual no aceptó. Por dicha demora, la conspiración abortó. Narciso López tuvo que escapar a los Estados Unidos.
La Bandera de Cuba
No habiendo sido posible coordinar los diversos grupos que procuraban la independencia, López decide actuar por su cuenta. En junio de 1849, reunidos en una casa de huéspedes en la calle Warren en Nueva York, López, el poeta Miguel Teurbe Tolón, José Aniceto Iznaga, su sobrino José Sánchez Iznaga, Cirilo Villaverde y Juan Manuel Macías, confeccionan la bandera de Cuba, que es hoy el pabellón oficial: dos franjas blancas, tres azules, un triángulo rojo y una estrella solitaria. Sobre ella juraron luchar y ofrendar la vida por hacer de Cuba una república libre e independiente. Esta bandera fue izada en las oficinas de los hermanos Beach, dueños del periódico The Sun, situadas en las calles de Fulton y Nassau.
Narciso López fue un guerrero valeroso de genio indomable, pero sin suerte. Organiza una expedición y fracasa al ser sus barcos ocupados por el gobierno americano. A pesar de ello persiste en sus planes y forma una nueva expedición. Sale ésta de Nueva Orleáns en mayo de 1850, arribando a las costas de Cuba. Invade la ciudad de Cárdenas, en cuya población toma prisionero al gobernador. En esta ciudad flota por primera vez la insignia nacional cubana. Los invasores ocupan la ciudad por 48 horas, del 19 al 21 de mayo, fechas simbólicas en la historia de Cuba. Pero las fuerzas españolas se rehicieron, con auxilio de las comarcas cercanas, y no encontrando apoyo en el pueblo, López y su grupo se reembarcan rumbo a los Estados Unidos.
La bandera de Cuba fue proclamada como tal el 11 de abril de 1869, en la Asamblea de Guáimaro.
Desembarco de Playitas
Al año siguiente, en 1851, se organiza una nueva expedición con 150 hombres, al mando del propio López. Formaba parte de ella el coronel William Crittenden, sobrino del secretario de justicia del presidente Millard Fillmore. Parten del puerto de Nueva Orleáns y arriban el 12 de agosto en el desembarcadero de Playitas, en la costa norte de la parte occidental de la Isla, que hoy forma la provincia de Pinar del Río, próximo a Bahía Honda. Ocupaba el gobierno de la Isla el general José Gutiérrez de la Concha, compañero de López en el ejército español. Teniendo conocimiento, por medio de su espionaje de dicho desembarco, el gobernador envió fuerzas a combatir a López. Apenas abandonaron El Pampero, que así se llamaba el barco, fueron atacados los expedicionarios por soldados hispanos al mando del general español Manuel Ena, quien pierde la vida en combate.
La sorpresa fue fatal para los libertadores. Sus fuerzas se dividieron. Cayó en poder de los españoles el coronel Crittenden, con 50 combatientes, todos ciudadanos de los Estados Unidos. Conducidos a La Habana, fueron fusilados y mutilados el 16 de agosto, en las faldas del Castillo de Atarés.
El 29 del mismo mes cae prisionero Narciso López, traicionado por un compadre suyo de apellido Castañeda que le entrega a la tropa española. En La Habana, sufre la muerte en garrote vil, en el campo de la Punta, próximo al Castillo de la Fuerza y al paseo del Malecón, el día primero de septiembre de 1851. Al subir al patíbulo, exclamó-
«Mi muerte no cambiará los destinos de Cuba».
Y añadió, dirigiéndose al público:
«Cuba, por ti muero».


Significado de la bandera

Significado de sus elementos: La estrella solitaria de cinco puntas representa la república libre, independiente y soberana que debía ser Cuba y a la unidad de los cubanos. Un ideal por alcanzar. El rojo, ubicado dentro de un triángulo en clara alusión al tríptico de los ideales franceses de: libertad, igualdad y fraternidad, alude a la sangre derramada en la lucha. Las franjas blancas a la pureza de los ideales y a la virtud de los cubanos. Las azules (por los tres departamentos en que se dividía en esa época Cuba: Occidente, Centro y Oriente), revelaban las elevadas y celestiales aspiraciones de los patriotas. El color azul era, inicialmente, celeste, no turqui, como es actualmente.
Su forma: Es rectangular, de doble largo que ancho, compuesta por cinco franjas horizontales del mismo ancho, tres de color azul turquí y dos blancas dispuestas de forma alternada. Un triángulo equilátero de color rojo en uno de sus extremos, uno de cuyos lados es vertical, ocupa toda la altura de la bandera y constituye su borde fijo. Dicho triángulo lleva en su centro una estrella blanca de cinco puntas, inscripta en una circunferencia imaginaria, cuyo diámetro es igual a un tercio de la altura de la bandera, con una de sus puntas orientada hacia el borde libre superior de la bandera.

José María Aurrecoechea: “Yo no soy, no puedo ser un traidor”




Venezolano, militar y revolucionario, defensor de la legalidad y héroe de la Independencia de Cuba
Este venezolano militar y revolucionario, nace en Puerto Cabello el 9 de abril de 1842. Realiza sus estudios en la ciudad de Caracas, en el colegio El Salvador del Mundo, dirigido por Juan Vicente González y Manuel María Urbaneja.
Tras los sucesos de la «Revolución de Marzo de 1858», se incorpora a la carrera de las armas bajo el mando del general Justo Briceño, defensor de la fusión liberal conservadora, en apoyo a Julián Castro, quien llega a la Presidencia de la República liderando la señalada revuelta.
En abril de 1858 lo encontramos en la campaña de Oriente contra José Gregorio Monagas. Luego es asignado al cuerpo de artillería, ingresando en calidad de adjunto a la Academia Militar, bajo las órdenes del comandante de ingeniero Carlos Mendoza.
En septiembre de 1859 participa destacadamente en el combate de Maiquetía, bajo la dirección del teniente de ingenieros Genaro Rafael Pereira. Pasa a integrar el batallón Convención donde alcanza el grado de capitán.
El 29 de agosto de 1861 el coronel José Echezuría, llegado del Tuy y estimulado por facciones paecistas, deponen al Presidente de la República Pedro Gual. Aurrecoechea no participa del golpe, mas se encuentra que los soldados bajo su mando están del lado de los amotinados. José María Aurrecoechea manifiesta su inconformidad y rompe su espada delante de Echezuría, diciéndole: Yo no soy, no puedo ser un traidor
Aurrecoechea es apresado y sometido a juicio. Logra escapar y se instala en La Habana. Pronto se alista en las filas de los insurgentes independentista de Cuba, enrolándose al lado de Carlos Manuel de Céspedes. Adquiere el grado de Mayor general del ejército independiente y general en jefe del distrito de Holguín. El 9 de diciembre de 1870 es delatado por un espía y capturado con su estado mayor en un bohío en la montaña de la Faja. Enjuiciado, es sentenciado a muerte, junto con Facundo Cable, su jefe de estado mayor. La prensa española le rinde tributo por su conducta heroica. Es fusilado el 11 de diciembre de 1870.

Chacao pudo haber sido Caracas



Comentarios en torno al traslado de Caracas a Chacao, el terremoto del día de San Bernabé, fray Mauro de Tovar y sobre las familias originarias.

El once de junio de 1641, día de San Bernabé, entre las ocho y media y las nueve de la mañana, tembló en la ciudad de Santiago León de Caracas. El mismo se sintió fuertemente en la Guaira y fue de tal magnitud, que no existió edificación que no sufriera daños, siendo la mayoría de ellas destruidas. La iglesia mayor sufrió averías considerables, abriéndose por varias partes. Cayó parte del Convento de Las Monjas, la iglesia de San Francisco se desplomó casi en su totalidad. La ciudad fue literalmente destruida y acto seguido, se desató una plaga que diezmó a la población y los sobrevivientes, en su mayoría, quedaron sumido en la miseria.

A raíz del mencionado terremoto, muchos vecinos caraqueños buscaron amparo al este de la ciudad encontrando en el sitio que hoy conforma el Municipio Chacao amparo. A tal punto, que se pensó en el traslado de la ciudad de Caracas hacia el lugar que ocupa hoy Chacao. Mas fray Mauro de Tovar se opone y logra su cometido de no reasentar la urbe.

Pero quien era este fray Mauro de Tovar. Sacerdote benedictino, fue obispo de Venezuela entre diciembre de 1640 y febrero de 1654. Hombre de desempeño público muy polémico. Su personalidad dominante, arbitraria, orgullosa y hasta tiránica, como lo reseña el historiador Lucas Castillo Lara, contribuye a desatar querellas que algunas han pasado a la historia. Una de ellas, su tenaz oposición a la fundación del convento de la orden de los mercedarios. Ante la insistencia de los seguidores de dicha orden y la construcción del convento señalado, fray Mauro de Tovar decreta el 29 de agosto de 1641 la demolición de dicha edificación, a causa de los daños causado por el terremoto del día de san Bernabé en la misma. Los mercedarios se niegan a dar cumplimiento a dicho decreto, motivo que incita a Mauro de Tovar a encabezar una procesión – manifestación que hace efectivo el decreto de demolición y, como ñapa, excomulga al fraile de esa orden, Juan de Espinosa.

Otro escándalo, y situémonos en la sociedad del siglo XVII, fue el proceso de anulación del matrimonio de Ana de Cepeda y Pedro Navarro. Ana de Cepeda acusa a su marido de malos tratos y amancebamiento con su hermana, Jimena Ponte. Fray Mauro de Tovar dispone el apresamiento de los hermanos Jimena y Pedro; revive una causa pendiente contra la madre de estos por no haber bautizado a 7 de sus 10 hijos y la excomulga, al igual que a otros parientes.

Fray Mauro de Tovar excomulga al teniente general Fernández de Fuenmayor y a los alcaldes ordinarios por haber participado en el juicio. El caso sigue su curso en Santo Domingo, resultando a su vez excomulgado fray Mauro de Tovar. Pero esto no queda aquí. Sigue la contienda jurídica en el Consejo de Indias, instancia en la que logra que se levante las sanciones impuestas en Santo Domingo, y le encarga “…que siempre guardéis las leyes de estos reynos, para cumplir todo lo que debéis y sois obligado y excusar para lo adelante ocasiones de semejantes escándalos…”. El pleito continúa ya que Gabriel Navarro, quien es procurador de Caracas ante el Consejo de Indias en 1648, presenta documentos contentivos de las ofensas del obispo contra su familia.

En 1650 el polémico obispo es trasladado a Chiapas, México (se efectúa en febrero de 1654), por lo que se tranquiliza esta disputa no sin estampar la siguiente frase al embarcarse, tras sacudir las zapatillas: “de Caracas no quiero ni el polvo, ahí se los dejo”.

En 1776 una epidemia de viruela causa estragos en Caracas. Al igual que en 1641, muchas familias se trasladan a Chacao y no pocas sentaron residencia definitiva en esta comarca.

Otro sacerdote, el padre José Mohedano, primer Cura propio de Chacao, indica que para el 12 de julio de 1770 Chacao contaba con 1445 habitantes. Para ese momento la jurisdicción comprendía Sabana Grande, Chacaito, Chacao y Sebucán. El censo del padre Mohedano nos refiere que la población contaba con 145 casas, ubicadas en 8 calles denominadas así:
Calle de la Santísima Trinidad: corre de Norte a Sur; Calle de la Encarnación del Hijo de Dios, corre de Sur a Norte; Calle del Nacimiento de Jesucristo, corre de Sur a Norte; calle de la Circuncisión del Señor, corre de Sur a Norte; calle de la Presentación de Jesús, corre de Oriente a Poniente; calle de la Huida a Egipto, corre de Poniente a Oriente; calle del Niño Perdido, corre de Oriente a Poniente; calle del Bautismo de Nuestro Señor, corre de Poniente a Oriente.

En el censo destacan algunas cabezas de familia, tales como la de don Mateo Blanco, Francisco Xedler, Alejandro Blanco, Francisco Antonio Borges, Nicolás Blanco, Ana de Liendo, Félix Blanco, Antonio Archeta, Isabel Daboin, entre otras. En el Partido de Chacaito y Sabana Grande, entre otras cabezas de familia se encuentran los siguientes nombres: Juan Diaz, Carlos Betancourt, José Mañas, José González Manzo, Damiana de la Cruz Pérez. En el Partido de Sebucán: José Díaz, Agapito Acevedo, María Felipa Xedler, entre otros.

Quizás de no haberse opuesto Mauro de Tovar a la idea de trasladar a Caracas hacia los terrenos que hoy comprenden Chacao, la ciudad fuese hoy, políticamente, la capital de la República, y Chacao, una parroquia de la ciudad capital…

Carlos Marx: “necesito serias explicaciones sobre su posición económica…”



La vida es única para cada quien y se vive de acuerdo a su razón capital. Cuando la pareja encuentra la complementariedad que satisface sus exigencias vitales, se entiende que la vida va más allá del existir…
Paul Lafarge nace el 15 de enero de 1842 en Santiago de Cuba, expresión del mestizaje, propio del Caribe: su abuela paterna era mulata oriunda de Haití, la materna, indígena cubana; sus abuelos, Jean Lafargue y Abraham Armanagc, franceses. Paul, hijo de un terrateniente acomodado, obtuvo buena educación en su Cuba natal, la cual completó cuando la familia se traslada a Francia, oportunidad para culminar sus estudios de bachillerato en el tecnológico de Toulouse. Luego se va a París a estudiar medicina, donde se ocupa de su formación política, topándose con el positivismo de Comte, textos de Kant, Feuerbach, Darwin y los pensadores socialistas Fourier y Proudhon. Este último capta al joven y se hace miembro de la Sección Francesa de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), fundada en Londres en 1864.
En 1865 participa en Londres en la fundación de la I Internacional y conoce a Carlos Marx en el mitin de Saint-Martin´s Hall. Deportado de Francia por sus actividades proselitista, se radica en Londres donde frecuenta a Marx. Conoce a su hija Laura y entabla amores con ella. Relaciones que preocupan al futuro suegro y no tiene empacho en manifestar en una carta fechada el 13 de agosto de 1866 la cual dice: “si quiere continuar con las relaciones con mi hija (Laura) tendrá que reconsiderar su modo de “hacer la corte”. Usted sabe que no hay compromiso definitivo, que todo es provisional; incluso si ella fuera su prometida en toda regla, no debería olvidar que se trata de un asunto de larga duración. La intimidad excesiva esta, por ello, fuera de lugar si se tiene en cuenta que los novios tendrán que habitar en la misma ciudad durante un periodo necesariamente prolongado de rudas pruebas y purgatorio (…) A mi juicio, el amor verdadero se manifiesta en la reserva, la modestia e incluso la timidez del amante ante su ídolo, y no en la libertad de la pasión y las manifestaciones de una familiaridad precoz. Si usted defiende su temperamento criollo, es mi deber interponer mi razón entre ese temperamento y mi hija (…)
Antes de establecer definitivamente sus relaciones con Laura necesito serias explicaciones sobre su posición económica. Mi hija supone que estoy al corriente de sus asuntos. Se equivoca. No he puesto esta cuestión sobre el tapete porque, a mi juicio, la iniciativa debería haber sido de usted. Usted sabe que he sacrificado toda mi fortuna en las luchas revolucionarias. No lo siento, sin embargo. Si tuviera que recomenzar mi vida, obraría de la misma forma (…) Pero, en lo que esté en mis manos, quiero salvar a mi hija de los escollos con los que se ha encontrado su madre…”
A pesar de los exámenes del minucioso suegro, Laura Marx y Paul Lafarge se casaron el 2 de abril de 1868.
La pareja vive una vida signada por la pasión. El miércoles 29 de noviembre de 1911, Paul y Laura entraron en un cine de París para “matar el tiempo”. Hay una decisión tomada y la firmeza para el cumplimiento. Volverán a la cama, lugar de encuentros apasionados y desencuentros, tiempos en que defienden con ardor sus puntos de vistas. Nada impedía su felicidad.
Tras el cine y cuarenta años de matrimonio, la pareja visita la recurrente pastelería en la cual escogen sus preferencias y se trasladan a casa, una villa campestre en Draweel. Allí hacen un arqueo de sus vidas, recuerdan la carta del viejo Marx donde dice “Ese maldito de Lafargue me está atormentando con sus ideas y modales, y no va a dejarme en paz hasta que no le siente bien el puño en su cabeza de criollo.”
Marx poco comprendía las ideas de su seguidor Lafarge, quien intentaba licuar en una poción mágica el hedonismo con el marxismo: “El fin de la revolución –afirma en su libro “elogio a la pereza”- no es el triunfo de la justicia, de la moral, de la libertad, y demás embustes con que se engaña a la humanidad desde hace siglos, sino trabajar lo menos posible y disfrutar, intelectual y físicamente, lo más posible. Al día siguiente de la revolución habrá que pensar en divertirse”… Nadie debería trabajar más de tres horas, “holgazaneando y gozando el resto del día y de la noche. En la sociedad capitalista, el trabajo es la causa de toda degeneración intelectual, de toda deformación orgánica”.
Aquel miércoles degustaron sus pastelitos, tomaron su té mezclado con veneno y se acostaron cubriéndose con el edredón. Al otro día, el jardinero y su mujer encontraron los cadáveres, junto con la siguiente nota:
“Sano de cuerpo y espíritu, me doy la muerte antes de que la implacable vejez, que me ha quitado uno detrás de otro los placeres y goces de la existencia, y me ha despojado de mis fuerzas físicas e intelectuales, paralice mi energía y acabe con mi voluntad convirtiéndome en una carga para mí mismo y para los demás. Desde hace años me he prometido no sobrepasar los setenta años; he fijado la época del año para mi marcha de esta vida, preparado el modo de ejecutar mi decisión: una inyección hipodérmica de ácido cianhídrico. Muero con la suprema alegría de tener la certeza de que muy pronto triunfará la causa a la que me he entregado desde hace cuarenta y cinco años.”
No tomo por sorpresa la noticia a sus camaradas. Durante la semana habían sido visitados para anunciar su decisión. Lo esperaban. Conocían de sus temperamentos. Los encontraron abrazados en un ambiente con fuerte olor a cianuro de potasio, dicen que así huelen las almendras amargas.
Quiero imaginar cuanto desearían poetas como Manuel del Cabral, José de Espronceda, Andrés Eloy Blanco o Jorge Manrique, poder interiorizar en el alma de nuestros personajes, percibir en su totalidad la intensidad del tiempo transcurrido entre la ingesta de la pócima y el nano segundo en que pierden la consciencia; y plasmar ese mundo en disolución, en metáforas elocuentes y poder entender tan sublime momentos…

Soublette: “Lo peligroso sería que el Presidente se burlara de los ciudadanos”



Los gobiernos del general Carlos Soublette (1837-1839 y 1843-1847) se distinguen por la búsqueda de la conciliación en el sector militarista como formula fundamental para logar la estabilidad política. No fueron pocos los alzamientos e insurrecciones que protagonizaron quienes se consideraban dueños de la naciente república por el solo hecho de portar uniforme o haber combatido en alguna de las batallas que se registraron durante la Guerra de Independencia.

Pero esta conducta no es calculada. Es parte del espíritu reflexivo del general Soublette. Y para ratificar la afirmación, vamos a reportar una anécdota que registra José Antonio Calcaño en su obra “la ciudad y su música”. Sucede que por los lados de la esquina de Colon, vivía un tal Francisco Robreño, quien se desempeña como Director de una academia de baile desde 1837, además de dársela de escritor y actor, desempeñando papeles en una compañía que actuaba en el Coliseo.

Al personaje in comento, no se le ocurre otra genial idea que burlarse del general Presidente de la República. Al enterarse Soublette, hace llamar a su presencia al lanzado escritor para decirle algo como esto: “he leído su pieza y no tiene nada de particular. Creo amigo Robreño que no ocasiona ningún perjuicio el hecho de que un ciudadano cualquiera se gaste algunas burlas a costa del Presidente de la República. Lo peligroso sería que el Presidente se burlara de los ciudadanos”.

Carlos Soublette fue masón en grado 33, fallece el 11 de febrero de 1870 y desde el 7 de febrero de 1970 sus restos reposan en el Panteón Nacional.

Juana Ramírez, La Avanzadora



De Chaguaramas, hoy estado Guarico (Venezuela), al estado Monagas, se extiende la fama de Juana Ramírez, conocida como La Avanzadora, por ser la primera en avanzar al frente del batallón con el nombre de “Batería de las Mujeres” en la batalla de los Altos Godos el 25 de mayo de 1813, en plena Guerra de Independencia.
Nace en la citada población de Chaguaramas el año de 1790. Esclava libertada, fue hija de la esclava Guadalupe Ramírez, manumisa de la familia Ramírez Valderrama. De niña se dedicó a los oficios propios de la época, siendo lavandera al igual que su madre.
En 1813 se encuentra en la ciudad de Maturín, en el oriente venezolano, y asiste a la convocatoria de la historia. Se alista en el batallón conocido como “la Batería de las Mujeres”, que estaba formado por la totalidad de las mujeres del pueblo que lucharon al lado de los hombres en favor de la Independencia. Ese año ataca Domingo Monteverde, en nombre del Rey de España, al pueblo oriental. La defensa republicana la lideran José Francisco Bermúdez, Manuel Piar y José Tadeo Monagas. A Piar le corresponde organizar el mencionado batallón de mujeres y entre sus actividades estaban las de apertrechar los cañones, atender los heridos, suplir de provisiones a las tropas.
Juana se destaca al enfrentarse al enemigo. Refiere el Diccionario de Historia de Venezuela (Fundación Polar) que “… en medio de una lluvia de balas atravesó el campo de batalla y arrancó su espada a un general muerto…” arma que enarboló como estandarte de libertad. De allí viene su reconocimiento como Juana La Avanzadora, por ser la primera en avanzar hacia el enemigo.
Tras la caída de Maturín en manos realistas, Juana Ramírez abandona a la ciudad. Regresa cuando las tropas patriotas la recuperan, habitando en la calle Maturín, hoy Bolívar. Allí obtiene su liberación por parte de la familia a la cual prestaba servicios. Se muda al caserío Guacharacas, hoy San Vicente, falleciendo a la edad de 66 años.
Sobre esto último, el Diccionario de Historia de Venezuela señala que “después de la guerra, posiblemente permaneció en Maturín”.
El 24 de junio de 1975, el Comité de Damas de la 58° División de Infantería erigió un monumento sobre su tumba, en el cementerio viejo de Guacharacas, que hoy sirve al pueblo de San Vicente y cuya placa reza así: “Aquí yacen los restos mortales de la heroína Juana Ramírez ‘La Avanzadora’, máxima exponente de la mujer monaguense, 1790-1856.”
En la avenida Bolívar de Maturín existe una obra escultórica que se le encargó al italiano Renzo Bianchini y que constituye uno de los símbolos que identifican a la ciudad.

El Falke y una carta de Andrés Eloy Blanco a la hermana del general Pedro Elías Aristigüieta

La expedición del Falke es uno de los episodios importantes en las luchas contra el régimen de Juan Vicente Gómez. El general Pedro Elías Aristigüieta toma la ciudad de Cumaná (estado Sucre, Venezuela) y es capturado por las fuerzas leales al gobierno, falleciendo durante su traslado a la ciudad de Carúpano. Al enterarse de la muerte, el poeta Andrés Eloy Blanco le envía una sentida carta a la hermana del prócer sucrense.
Luis Rafael Pimentel Agostini conjuntamente con el general Pedro Elías Aristigüieta, dirigen el ataque a Cumaná bajo la dirección del general Román Delgado Chalbaud en lo que se conoce como la expedición del Falke. Aristigüieta fue uno de los líderes quienes intentaron derrocar la dictadura de Juan Vicente Gómez.
Pedro Elías Aristigüieta, nace en Cumaná en 1885, hijo de Fernando Aristigüieta Sucre, descendiente del Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre y de Ana Rojas Guerra. Miembro de la expedición del Falke -por el nombre original del buque que trasladó a los invasores y al cual habían cambiado llamándolo General Anzoátegui-, en 1929. Junto a Luis Rafael Pimentel Agostini se encarga del ataque por vía terrestre a Cumaná, sin lograr coordinar su acción con el desembarco de las fuerzas dirigidas por Delgado Chalbaud, quienes en la madrugada del 11 de agosto de 1929, inician el ataque a la guarnición. Se rompen los fuegos y a poco, al enfrentarse Delgado Chalbaud y Emilio Fernández, Presidente del estado Sucre y líder de las fuerzas gubernamentales, en el Puente Guzmán Blanco, mueren ambos, al igual que Zuloaga Blanco y otros oficiales.
Aristigüieta toma la ciudad de Cumaná dos días después (13 de Agosto) y se ve forzado por las tropas oficialistas, que llegan desde Barcelona y Maracay, a retirarse hacia el pueblo de Santa Ana de El Pilar, llamado Santa Ana Arriba. En este sitio, ubicado entre los límites del Municipio Andrés Mata y el Municipio Bermúdez, ocurriría una batalla que sería recordada por los habitantes de esta población con el nombre de la sangrienta. Se ha de resaltar que por primera vez en la historia militar de Venezuela actúa la recién creada Fuerza Aérea Venezolana, aunque sólo se trató de simple ejercicio de reconocimiento.
Un día antes de la batalla, llega un grupo de revolucionarios para tantear el terreno y en la noche, se apersonan los líderes de la invasión a Cumaná, entre ellos Pedro Elías Aristigüieta. Al amanecer, mandaron a comprar unas bestias para agilizar el desplazamiento de la tropa. Cuando los encargados de este cometido regresaban con los animales, se encuentran con las tropas del gobierno y ocurre el primer enfrentamiento. Al escuchar la cercanía de los disparos, los revolucionarios salen al encuentro, iniciándose la batalla que duró desde las siete de la mañana hasta las tres de la tarde.
Herido de gravedad durante los combates, Aristigüieta es capturado junto a otros revolucionarios a quienes trasladan a El Pilar, dando fin a los planes de pasar a Carúpano, donde lo esperaba un barco para llevarlo a Caracas. Pedro Elías Aristigüieta fallece en el viaje a Carúpano el 27 de Agosto.
Andrés Eloy Blanco, purgaba condena en el Castillo de Puerto Cabello. Al enterarse del fallecimiento de Pedro Elías Aristigüieta, dirige la siguiente carta a María Josefa Aristigüieta, hermana del prócer fallecido. A continuación el texto de la misma.

“Castillo de Puerto Cabello, 16 de febrero de 1931.
Hermanita querida:
La oportunidad que me da el querido Petronio para hacerte llegar ésta, llena un anhelo intensísimo de mi corazón. Mentira parece que haga más de un año de aquel golpe que al igual se sintió allá y aquí, como esos golpes que se dan a los árboles y todo: tronco, ramas, nido, todo se sacude… Y después, después que la verdad roja se confirmó, cuando ya no teníamos ni el refugio de la duda, entonces de manera santa, silenciosa, como a gotas caídas en mi corazón, me fue creciendo un pensamiento, una convicción que parecía haber brotado de la mano de Dios, la fuente misma de los consuelos; esa idea se apoderó de mí de tal manera, que hoy sale de mis labios con la sencillez de esas aves domésticas que no se ven salir: Pedro Elías tenía que morir. ¡Ah, qué espantosa, pero que luminosa verdad, arraigada en la conciencia de su selección! ¡Qué dura, qué gloriosa elección! ¡Por qué radiante evidencia! ¿Quién, si no era él, iba a morir? ¿Quién, entre todos los soldados de la falange, tenía en el alma aquel rebosante amor que se le vendía por las palabras? ¿Quién tenía en las manos aquella pureza que es el manjar de la muerte?
Su revolución era la revolución en el sentido apostólico; su ostracismo no le dio ni un odio; su desembarco fue un paso de Tiberiades; su caída fue su bien morir sobre la tierra soñada… Y entre todos, ¿quién debía ser el que borrara los pecados del mundo, los horrendos pecados de esta tierra? ¿Qué recental había que sacrificar para la redención de esta conciencia nacional adúltera al terror desenfrenado?… ¡Buenos ojos tiene Dios, sabe ver! ¡No podía equivocarse! Las revoluciones que se asientan sobre la sangre del inocente no son nunca vencidas. Tu cordero embistió con fuerza. Tuvo para el ataque la bravura del toro, pero él sabía bien que, fuera del armado testuz, todo lo demás era cordero. Yo lo veo así, predestinado. ¿Pedro Elías vencedor? ¿Pedro Elías jefe? ¿Pedro Elías hombre entre los hombres, mirando con ojos cansados el botín de los asaltos? No, no. Pedro Elías era la derivación de esa célula divina que llevan los pueblos en el alma; era la intuición misma del sacrificio, doblado en sonrisa como flor de ofrecimiento sobre los labios que dijeron la palabra del pueblo. “¡Qué buen maestro para esa idea!”, diría Dios. “¡Qué buena idea para tal muerte!”, diría el mismo Dios cuando su voluntad se baja a la Victoria. ¡Yo le pido a ese Dios que me dé vida para que mi palabra sea la que salude un día en Cumaná el mármol que lo consagre, menos blanco que el vellón de su alma! ¡Qué vuelos de palomas, qué de blancos en el azul de ese día en que aparezca la figura de tu cordero, trasegado en cristalina proyección histórica de la blancura de Sucre para dar aquella tierra en el templo de la dignidad venezolana capitalidad evangélica!
Juan de Dios, Antonio, José, Luis, Angarita, todos te recuerdan con el más profundo amor. Tu nombre es la comunión de los presos. La gran fuerza de tu dolor está en nosotros, dolor que vigoriza el paso de la justicia, que es casta pero temible como el agua de las espadas que montan la guardia de tu cordero.
Tu hermano, Andrés Eloy Blanco.”

lunes, 16 de junio de 2008

El "Buen Estado" de Cola di Rienzi

El "Buen Estado" de Cola di Rienzi
Isidro Toro Pampols
Junio, 2008

La Historia no deja de sorprendernos al darnos muestras, contundentes, de que el ser humano no tiene límites a la hora de optar por el poder. Un ejemplo fehaciente es la aventura sorprendente que tuvo por escenario la Roma de 1347, protagonizado por un personaje de origen humilde y jurista de formación, quien por arma contaba con sus habilidades y por aliados las circunstancias de una sociedad que transitaba velozmente hacia una nueva época, la que en sus desajustes daba pie a sucesos, como los protagonizados por Cola di Rienzo, que pudieran ser registrados y estudiados por la posteridad.
Son los tiempos del pontificado de Clemente VI (1342-52), Papa que despachaba desde Avignon, Francia (1), mientras en Roma se vivía una situación rayana en la anarquía. Este joven de origen humilde, nacido en 1313, animó una interesante sublevación que llama la atención por sustentarse en una remembranza de la Roma imperial, grande y poderosa, ofertando sacar a la ciudad eterna del estado de postración en que se encontraba. Bajo aquella lamentable situación, habiendo perdido inclusive la condición de ciudad sede pontificia y dejando de lado, largamente, su condición rutilante de centro del mundo conocido; por las constantes querellas entre las familias nobiliarias, el papado y bajo la amenaza de caer en manos extranjeras, Cola di Rienzo, con un discurso mesiánico, habiendo mantenido contacto con ordenes místicas como los joaquinistas (2) y los “fraticelli” (3), partidario del igualitarismo de Joachim de Fiore, adversario de la nobleza, buen conocedor de la historia de Roma y poseedor de un verbo y encanto personal; lidera una multitud apoyada principalmente por el “popolo” y la llamada “gentilezza”, los comerciantes y la pequeña aristocracia, que lo hacen del Gobierno Municipal de la ciudad, en 1347.
El 20 de junio del citado año Cola di Rienzi fue designado en el Capitolio, recibiendo posteriormente el título de tribuno, que le fue renovado unos meses más tarde con carácter vitalicio. El cronista G. Villani registra que "por aclamación fue elegido tribuno del pueblo e investido de la señoría en el Campidoglio".
Este hombre contó con la amistad de ese gigante del humanismo, como lo fue Petrarca, quien se transformó en uno de sus entusiastas admiradores. Rienzi en su juventud era invitado por las familias distinguidas de la ciudad con el fin de que hiciera gala de sus dotes de orador y de esta manera entretuviera a los asistentes con sus elocuentes palabras. Este personaje, que en sus parlamentos combinaba materias que exigían altísima atención por lo profundo del tema con expresiones humorísticas, desmontando de manera genial cualquier prevención que pudiera generarse. Este Cola di Rienzi, una tarde de Pentecostés, se dirigió con un ejército de conjurados al Capitolio y al son de trompetas, al más puro estilo de la Roma imperial, convocó una asamblea popular, la cual, tras haber escuchado el verbo encendido del agitador, conquistó para Roma un nuevo gobierno donde fue electo “Tribuno del Pueblo”, obligando a los que detentaban el gobierno abandonar la ciudad y a él, investirlo de poderes dictatoriales. Había ganado el pueblo, todo el poder para el pueblo, solamente podrían regresar aquellos expulsados bajo juramento que nada intentarían contra el régimen instaurado por el gobierno del pueblo.
Cola di Rienzo que conoce bien la fortaleza de la institución del Papado, además que Roma jamás alcanzaría el esplendor del pasado con la ausencia del Papa, se aparece en Avignón, formando parte de una embajada que viene a ofrecer a Clemente VI los cargos del Gobierno Municipal y a solicitar el jubileo para la ciudad en el próximo 1350, es decir, a cincuenta años de distancia del anterior; dejando embelesada a la corte cardenalicia con su encendida alabanza de la Roma clásica y la imputación de responsabilidad por la actual situación a la nobleza romana, -quienes se habían declarados enemigos del Papa, lo que significó oídos dulces por parte de la primera autoridad de la Iglesia, aunque la veteranía aconsejaba mantener cuidado ante la presencia de un firme candidato a ser calificado de demagogo.
Sus relaciones con la Iglesia eran buenas. Ejercía el cargo de notario de la Cámara Apostólica, así que fue bien recibido en la corte de Avignon. Decreta a Roma como “capital universal y sede suprema de la fe cristiana” e igualmente que todos los ciudadanos italianos son ciudadanos romanos. Recordemos que para la época la península estaba dividida en varios estados. Que entre ellos existían fuertes rivalidades e inclusive la presencia extranjera en la política italiana conformaba un ajedrez difícil de jugar por la cantidad de variables que se presentaban al mismo tiempo sobre el tablero. Pero, Rienzi avanzaba en su idea de devolver el esplendor imperial a Roma y, por consiguiente, él actuaba como un emperador. Así, organizó grandes cortejos, su numerosa escolta lo acompañaba con las espadas desenvainadas y algunos asistentes lanzaban dinero a la muchedumbre. Un populista en el umbral del Reancimiento.
La juramentación como tribuno del pueblo el día 15 de agosto en la iglesia de Santa María la Mayor de Roma, lució como una coronación imperial. Se le colocó una corona de oro, un cetro en la diestra y una esfera terrestre de plata en la izquierda. El historiador Dupré-Theseider calificó al citado acto de "caricatura fantástica de la coronación imperial".
Tras la coronación comenzaron los desmanes. En un banquete con los principales representantes de la nobleza romana que quedaban, uno de ellos llegó a desaprobar algún planteamiento de Rienzi; por tal osadía, fueron todos a parar a los calabozos, acusados de alta traición. Luego, los hizo “absolver” en una asamblea del pueblo. En más de una oportunidad los hacía presos y les daba la libertad a cambio del pago de multas o rescates.
Su resentimiento contra la nobleza romana no le permitía dar una tregua a sus acciones. De idéntica manera, las dos grandes familias que se disputaban el poder, los Orsinis y los Colonna, tampoco le dieron tregua. Afirma el cronista Villani que “algunos de los Orsini y los Colonna, así como otros de Roma, huyeron fuera de la ciudad a sus tierras y a sus castillos para escapar al furor del tribuno y del pueblo".
Rienzi complementa su devoción por el poder con medidas enérgicas contra viejos vicios y corruptelas que se acunaban en la sociedad romana. Como explican los historiadores M. Mollat y Ph. Wolff, "una mezcla de sinceridad e intriga, de violencia y seducción, de idealismo y pragmatismo, de rusticidad y cultura".
El Papado consintió las acciones emprendidas contra la nobleza romana, total “el enemigo de mi enemigo…”, pero su idea de crear un Estado italiano conlleva, entre otras acciones, apoyar la expulsión de la reina Juana de Nápoles, a cuyo efecto mantenía contactos con Luís de Hungría. Cosa que preocupo a la Iglesia. El Reino de Sicilia confrontaba una compleja situación bajo la reina Juana I, especialmente por el empeño de la Monarquía húngara, a través de Andrés, rey consorte, de ejercer una acción efectiva en el Reino. Esto acarreaba problemas a la diplomacia pontificia que se manejaba con gran habilidad entre las fuerzas imperantes en Italia y las potencias extranjeras que acechaban en el horizonte. El asesinato de Andrés, en septiembre de 1345, complicó la política napolitana. Finalmente, los húngaros intervinieron militarmente, expulsando a Juana de Nápoles quien se traslado a Avignon. A la desplazada reina se le achacaba la muerte de su esposo, lo que trajo un juicio que la declaró libre. Esto permitía a la Santa Sede actuar con el objeto de reducir la influencia húngara en el sur de Italia. Todo el panorama se complica con la presencia de la Casa de Aragón en Sicilia desde 1282, a raíz de la víspera siciliana – el acontecimiento histórico de la matanza de franceses en Sicilia que dio por finalizado la dominación de Carlos de Anjou en la isla, siendo sustituido por la Corona de Aragón—. Todo este enredo, culminó, momentáneamente, con el retorno de la reina Juana a Nápoles.
Esta actuación puso en alerta máxima al Papado, para quien el dictador visionario comenzaba a ser más problemático que beneficioso.
El Papa utilizó su mejor arma contra Rienzi: la excomunión. La excomunión autorizaba a cualquier habitante a atentar contra el dignatario. Este hecho, aunado a los constantes desmanes que tenían harta a la población de Roma, lo llevaron a perder el poder en diciembre de 1347.
Esta situación no amilanó a nuestro personaje, quien se refugió en la zona de Abruzzos. Entre los grupos de “fratricelli”, estudio las profecías de Joaquín de Fiore, compenetrándose con sus ideas e internalizando que su destino estaba signado por una misión divina la cual no era otra que resucitar el Imperio y renovar la Iglesia.
En la búsqueda de su destino, marcha a Praga en junio de 1350, con el fin de entrevistarse con Carlos IV. Este ordena detenerlo y lo envía a Avignon, donde se le apertura un proceso. Mientras se desarrolla el juicio, fallece Clemente VI y se produce una nueva rebelión en Roma contra las familias nobles, por lo que el sucesor de Clemente VI, Inocencio VI, consideró conveniente utilizar a Cola di Rienzi en la escena política romana.
En agosto de 1354 regresa a Roma acompañado del cardenal español Gil Álvarez de Albornoz y un ejército mercenario. Es recibido como libertador y es nombrado senador. Pero su momento de gloria duró poco. Volvió a su conducta despótica y desacertada. La influyente familia Colonna instigó un triunfante levantamiento popular que produjo la detención de Rienzi, su ejecución por decapitación y sus restos fueron lanzados, como otros tantos cadáveres, al Tiber. Su regreso, gloria y muerte, todo ocurrió en el año 1354.
(1)  El tema de los papas en Avignon tiene connotaciones variadas y profundas. Pero los hechos simples nos presentan la confrontación entre el rey Felipe de Francia y el papa Bonifacio VIII (1294-1303) en 1303, siendo encarcelado por el primero, falleciendo en prisión. Luego es designado Benedicto XI (1303-1304), para finalmente ser escogido Bertrand de Grot, arzobispo de Burdeos, como Clemente V (1305-14). Con este Papa francés, se traslada la sede pontificia a Avignon y se inicia lo que algunos llaman su “cautividad babilónica”. La Provenza ofertaba un espacio geográfico bucólico frente a las ciénagas infestadas de malaria, cólera y tifus de Roma. El Ródano era un río amable, suave y perfumado, mientras el Tíbet una cloaca abierta donde se depositaba la basura y era frecuente ver flotar cadáveres de animales, además de personas asesinadas. Pero Avignon no fue el centro de virtud que prometía la benévola naturaleza. Bien lo define este escrito atribuido a Petrarca, quien supuestamente utilizó el anonimato para no terminar con sus carnes en el asador de la Inquisición: la hoguera. Nos dice el escrito que el papado de Avignon es “la vergüenza de la humanidad, un vertedero del vicio, cloaca que recogía todas las inmundicias del universo. Su Dios era vilipendiado, sólo se reverencia al dinero y las leyes divinas y humanas son pisoteadas. Por todos lados se respira la mentira: en el aire, en la tierra, en las casas y, sobre todo, en los dormitorios.”
El 3 de diciembre de 1352, un relámpago se escuchó con gran estruendo en la eterna Roma y un rayo impactó directamente en una de las campanas de San Pedro. El golpe fue certero y las campanas se fundieron. Miles de personas salieron jubilosas a las calles al grito de “Ha muerto. Sí, el papa ha fallecido y está sepultado en el fondo del infierno”.
Al pasar tres días con un redoble de campana se anunciaban en Avignon la muerte del papa Clemente VI ((1342-52). Todo apuntaba que Roma recuperaría al papado.
(2)  Se llamaban Joaquinistas a los seguidores de Joaquín de Fiores, un abad cisterciense quien fallece el año 1202. Místico, señaló que el año 1260 sería el inicio de una era espiritual en la que habría dominado el Evangelio eterno con la desaparición, en la Iglesia, de toda contaminación temporal. Las ideas joaquinitas fueron condenadas en el Concilio Lateranense IV, en 1215.
(3) Se conocían como fraticellis a los discípulos de la orden de los Frailes Menores, fundada por San Francisco. Practicaban la pobreza evangélica, la completa negación de sí mismos, y la humildad, con el fin de guiar mediante sus actos al mundo de regreso a Cristo. Los italianos designaban como Fraticelli a todos los miembros religiosos, particularmente de las órdenes mendicantes, y especialmente los solitarios, ya sea que observaran una regla definida o regularan sus propias vidas. Igualmente, se conocían como fraticellis a sectas heréticas separadas de la Orden de los Franciscanos por disputas concernientes a la pobreza.


Bibliografía
Chadwick, Henry; Evans, G. R. El Cristianismo. Ediciones del Prado. Madrid. España. 1992
Grimberg, Carl. Historia Universal. Tomo XV. Ediciones Diamon. Caracas. Venezuela. 1967.
Páginas Web:
Wikipedia.
ARTEHISTORIA
Enciclopedia Católica